miércoles, 17 de octubre de 2018

Relato La casa de la playa (Parte 6)

Un repicar de nudillos sobre la madera de la puerta de la entrada hizo saltar de la silla a Tess, que seguía escuchando el relato que Sebas le estaba contando. La llamada era insistente y carente de voz. Miró al chico para que le dijera quién estaba llamando a la puerta con tanta insistencia pero su cara parecía igual de sorprendida que la suya. Tess decidió que la mejor opción era acercase hasta la entrada y preguntar de quien se trataba.
- ¿Quien es?- dijo con cautela
    Al otro lado de la puerta pararon los golpes y  se escuchó un extraño siseo como respuesta a la pregunta que erizó la piel de Tess. No tenía intención de abrir la puerta tampoco. Entonces escuchó la voz de Sebas a través de la puerta:
- ¿Qué quieres?- parecía conocer a la persona que estaba picando la puerta y además su tono era de enfado.
    Tess intentó escuchar la respuesta pero le siguió un siseo, esta vez con un tono más alto.
- Lárgate o tendrás que vértelas conmigo- dijo Sebas. Tess se asomó a la mirilla de la puerta pero sólo estaba Sebas, que parecía tapar a otra persona que ella no pudo ver bien.
- No me largo- exclamó la otra voz- la chica es miaaaaaaa.
    Tess se quedó helada ante la respuesta del desconocido. ¿Suya? De repente se escuchó un rugido que debía de ser la pantera negra en la que se convertía Sebas.
- Está bien, está bien, ya me largo- gruñó la segunda voz.
 Unos pasos se acercaron hasta la entrada y picaron a la puerta.
- Ya está Tess, no hay peligro.- sin pensar en lo que hacia Tess abrió la puerta y vio a Sebas con una sonrisa.
- ¿Quien era?
- Es Hester, una chica del grupo. No le hace gracia que sepas que existimos y quiere erradicar el problema.
- ¿Una chica? La voz parecía la de un hombre.
- Es que Hester tiene una voz bastante varonil. ¿Puedo pasar?
   Tess dudó un momento pero sabía que podría haberle echo daño ya y sin tener que darle explicaciones. Parecía no tener malas intenciones. Le hizo un gesto con la cabeza en señal de asentimiento y cerró la puerta cuando éste ya ese encontraba dentro.
    Fueron hasta el sofá para seguir hablando.
- ¿Quieres algo para tomar?
- ¿Sangre?
- ...
    Sebas comenzó a reirse de forma descontrolada al ver la cara que había puesto Tess al mencionar la sangre.
- No me tomes el pelo que todo me parece ya bastante surrealista.- le dio un suave puñetazo en el hombro.
- Lo siento. ¿Una cerveza?- Tess sacó un par de botellines de la nevera y, tras abrirlos, los llevó hasta donde estaba sentado Sebas, el cual dio un largo trago.
- ¿Y al grupo no le gusta que yo sepa lo que sois?
- Solo a Hester. Los demás confían en que no serán descubiertos por ti. De todos modos es complicado que alguien pueda llegar a creerte.
- Es imposible que alguien crea que en un camping se reúne una raza extraterrestre.¿Y ahora que hay que hacer?
- Pues tendré que hablar seriamente con Hester para que no trate de matarte.
- ¿Matarme? ¿Tan en serio va?- Tess se quedó parada.
- Claro. No es la primera vez que alguien nos descubre y Hester tiene que encargarse del problema.
-¿ Y todos estáis de acuerdo en sus métodos?
- Por lo general no pero has de comprender que nuestro escondite en este planeta tiene que ser un secreto. Si por algún motivo alguien saca la noticia, aunque no la crea nadie, de que una raza extraterrestre habita entre vosotros los que nos persiguen podrían creerla y venir a buscarnos.
- Lo entiendo.
     Cuando Sebas se terminó la cerveza, la dejó sobre la mesita de estar y se acercó hasta Tess. La besó de forma directa. Ella se quedó con lo ojos abiertos como platos tratando de asimilar la situación, pero no lo apartó sino que se dejó llevar. Como Sebas vio que ella no oponia resistencia se acercó más para tratar de acariciar los costados de su cuerpo. Tess se apartó.
- ¿Pero que....?
- Lo siento, es que me apetecía.
- No son maneras. Apenas nos conocemos y eres distinto.
- ¿Y? No me digas que no te atraigo porque ya lo he notado. Y si, somos distintos, pero ¿qué importa? ¿Acaso tienes algún prejuicio racial?
- No, ese no es el tema y lo sabes.
- No, no lo se. No te conozco. 
- Pues no soy racista, si quieres saberlo.
- ¿Entonces que nos impide tener contacto intimo entre nosotros?
- Antes me has dicho que eras distinto a nosotros.
- Si, pero podemos tener sexo con vosotros.
   Un portazo en la entrada volvió a interrumpir la conversación.
- ¿ Y ahora quien puede ser?- dijo Sebas malhumorado ante la interrupción de lo que prometía ser una buen noche de sexo con aquella atractiva joven. Se levantó para acercarse hasta la entrada y abrir la puerta.
     - ¿Otra vez Hester?
- Esta vez traigo refuerzos- dos hombres aparecieron tras la joven y entraron golpeando a Sebas en el estómago, que cayó al suelo dolorido.
- Hester, no- intentó gritar suplicante Sebas, pero apenas salió voz de su boca.
- Aquí estas- exclamó Hester acercándose a Tess, la cual se había puesto de pie asustad sabiéndose acorralada por dos fornidos hombres que debían de medir metro noventa.- agarradla