sábado, 15 de septiembre de 2018

Relato La casa de la playa (parte 5)


La pantera negra que hacía escasos segundos le miraba curiosa y con ganas de abalanzarse se había transformado en Sebas totalmente desnudo, lo único que llevaba encima era un colgante como el de ella. Era la segunda vez que veía al chico sin ropa aquella noche. No es que le desagradara la idea porque estaba realmente imponente pero no lo conocía de nada.
- ¿Puedes abrir ahora?- le dijo el chico acercándose hasta el cristal de la puerta.
- No- Tess estaba asustada. ¿Qué era ese ser? Era algo imposible.
- Ya me he dado cuenta de que  no eres como nosotros. ¿De dónde has sacado el colgante?
- Lo encontré esta mañana en la playa.- dijo sincera.
- Podías haberlo dicho cuando nos encontramos en el chiringuito.
- No te conocía de nada e iba a ir allí para dejarlo al chico del chiringuito cuando os llamó la atención que yo fuera como vosotros. Sentí curiosidad....
- ¡Los humanos y su curiosidad!- exclamó con aparente hastío.
- ¿Qué sois entonces?- Tess estaba flipando por aquella conversación. Seguro que seguía dormida en el sofá y aquello no era más que una pesadilla aunque no del todo desagradable dado el ejemplar de humano que tenía delante de ella.
- Deja que entre y te lo explico.
- Ni hablar. No te conozco de nada y por lo que se podrías volver a convertirte en pantera y usarme como cena.
- No se me había ocurrido.- dijo serio pero al momento cambio la cara y comenzó a reírse.
    Tess reconoció que tenía una bonita sonrisa y por un momento se quedó embobada mirándole pero no abrió la puerta.
- Puedes explicármelo desde ahí.
- Es incómodo.
- Para mi no- dijo mientras cogía una silla y sentó frente a él. Enseguida se dio cuenta de que había sido una mala idea. La vista había cambiado y ahora tenía otra cosa enfrente.Se puso roja como un tomate y volvió a levantarse avergonzada.
- Será mejor que me ponga algo de ropa. - dijo riéndose a carcajada limpia- Espera y vuelvo enseguida.
   Tess volvió a sentarse y se vio reflejada en el cristal de afuera ahora que él había desaparecido de la vista. Tenía los pelos revueltos. Se levantó como un resorte y corrió hasta el lavabo para cepillarse un poco el pelo.
- ¿Porqué diantres me estoy arreglando?- se quedó parada mirandose al espejo y pensando que aquello debía de ser de locos. Un chico que se podía transformar en una pantera. Pero seguro que el resto de grupo que había encontrado debían de ser igual. ¿Y si el desnudarse era para que todos se convirtieran en pantera? No era una orgía lo que estaban a punto de hacer. Se rió de si misma pero al mismo tiempo sintió miedo y su cuerpo tembló.
- ¡Tess¡- escuchó la voz de Sebas que la llamaba desde fuera.
    Tess se acercó de nuevo hasta la puerta del jardín y vio a Sebas ya vestido. Parecía un tipo guapo, normal. Estuvo tentada de abrirle la puerta pero decidió que era mejor primero las explicaciones y luego ya vería si podía confiar. Se volvió a sentar en la silla y Sebas cogió una silla del jardín y la puso frente a ella.
-Veamos....por donde empiezo....- carraspeó la garganta, no parecía estar del todo convencido de querer explicarle.- es la primera vez que me enfrento a un caso a si. Somos muy discretos y no solemos hablar de nadie sobre nuestra naturaleza. Nos conocemos sólo por nuestros colgantes.
- ¿ Y como es que yo me encontré uno en la playa?
- Eso sí que tengo que investigarlo porque además ha desaparecido uno de los nuestros que también estaba en el camping. Me lo acababan de comunicar antes de que tuviéramos la reunión. Cuando te he visto correr asustada he imaginado que ese colgante no era tuyo.
  Tess asintió.
- Nosotros no somos de este planeta. Si, si, se que te sorprenderá.
- Después de ver como te transformas ya no me sorprende nada de lo que me cuentes, la verdad.- Tess estaba temblando de la impresión pero intentó que no se le notara.
- Nos llamamos krenian y nuestros antepasados provienen de otro planeta llamado Kre. Vinieron a la tierra para huir de las continuas guerras que asolaban nuestro planeta. Eran veinte familias las que huyeron de allí ahora hace más de doscientos años. Nosotros tenemos una vida normal, como vosotros, somos familias que quieren vivir en paz. Lo único que se nos caracteriza es que nuestros conocimientos tecnológicos son muy superiores a los vuestros pero no destacamos en ello para no llamar la atención. El colgante que llevamos encima es para tener apariencia humana porque, como has visto, tenemos otra forma.
- ¿Panteras?
- No, tampoco somos panteras. Lo que has visto ha sido una ilusión creada por el colgante. No puedo mostrar mi verdadera naturaleza.
- ¿Porqué no?
- Es algo privado, personal. El colgante que tienes es un aparato que puede mandar hondas a los cerebros que tenemos a nuestro alrededor para que crean que están viendo a un humano o a otro ser que nosotros queremos que crean. Si yo ahora imagino que soy un conejo entonces tu mente interpretará que soy un conejo y me verás como un conejo. Ahora mismo estoy influyendo sobre ti y te hago creer que soy un humano pero tampoco es cierto.
- ¿Me estas mandando hondas ahora mismo al cerebros sin mi consentimiento?
- No es dañino, no te preocupes.
- ¿Pero si manda ondas para que no te vea como realmente eres como es que os estabais desnudando en la reunión?
- Es que nosotros no llevamos ropa de normal pero nos la ponemos porque el aparato no puede interpretar la ropa que vosotros os ponéis.
    Un portazo en la puerta principal dejó a ambos callados. Tess señaló a Sebas y arqueó la ceja izquierda.
- No se quien puede ser- dijo susurrando y acto seguido se levantó para dar la vuelta a la casa.