viernes, 17 de agosto de 2018

Relato La casa de la playa (parte 4)

   
 Tess se quedó muda al ver como los asistentes a la reunión comenzaba a desvestirse y quedarse desnudos, momento que aprovechó para dar pasos hacia atrás e intentar acercarse lo más posible a la puerta de salida, y sin llamar la atención. Sebas también se había sumado a la frase de "vamos a ponernos cómodos" y Tess vio desde atrás su trasero mientras terminaba de quitarse las bermudas. Ahora que todos estaban desnudos Tess pensó que se trataba de alguna clase de orgía y que estaba previsto que ella también participase. La joven decidió dar media vuelta y abrir la puerta para salir fuera de la sala.. Parecía que nadie se había fijado en ella mientras procedían a desnudarse. 
    Al salir al exterior corrió todo lo que sus piernas dieron de sí hasta llegar a la puerta de salida de la playa, se descolgó el colgante del cuello y abrió la puerta con él. Escuchó el chasquido de la cerradura y abrió la puerta sin pensar si hacía ruido o no. Una vez fuera corrió por la pasarela de manera que se acercaba hasta el chiringuito y allí se detuvo para mirar si alguien le había seguido. Todo seguía en silencio. Unicamente notaba el ruido de su respiración agitada.
- Madre mía, en qué lío me acabo de meter. ¿Una orgía?- Tess se rió aliviada y caminó hasta la orilla de la playa. Se quitó las zapatillas y dejó que la oscuridad del mar acariciara sus pies. Cuando se lo contara a Claudio, su jefe, se iba a reír mucho del tema.
     Decidió volver a la casa de sus tíos sin prisa y con la sensación de vergüenza que aún le embargaba, pero entonces escuchó un ruido de pisadas sobre el camino de tablas de la playa y se agachó para tratar de que nadie la pudiera ver en la media oscuridad que reinaba. Tess pudo ver que se trataba de Sebas. Al parecer había salido corriendo tras ella vestido. En silencio se quedó estirada sin que el agua la tocase y con la esperanza de que no la viera. No quería darle explicaciones y temía que él tratara de invitarla de nuevo a la reunión para participar en aquella locura. El chico se quedó parado junto al chiringuito tratando de localizarla pero no la vio, así que en vez se adentrarse en la arena volvió sobre sus pasos y entró, de nuevo, en el camping. Tess suspiró aliviada  y se levantó del suelo. Corrió todo lo que sus pies le dejaron y llegó a la casa con el corazón a cien y cerró con llave. No podía creerse lo que acababa de presenciar, se llevó las manos a la boca y se rió a carcajada limpia. No iba a volver al chiriguito ni acercase a esa zona de la playa ni loca, alguno de los presentes podía localizarla y reprocharle su huida despavorida en mitad de la reunión.
    Tess miró el colgante que seguía colgado de su cuello pero éste había dejado de iluminarse. Optó por quitárselo y dejarlo debajo de la manta del sofá. No quería ver que se iluminaba de nuevo.
     Un ruido en la puerta de la entrada la dejó parada. Parecían arañazos en la parte de afuera, como un gato que quisiera entrar dentro de la casa, pero mucho más escandaloso. Se acercó para tratar de ver por la mirilla de era lo que arañaba la puerta con tanta insistencia y lo que vio la dejó helada. La luz de fuera alumbraba a la perfección a una especie de pantera negra que enseñaba los colmillos enfadada. Una especie de rugido, un himplar, resonó al otro lado de la puerta. ¿Una pantera? ¿Como era posible? Tess no dejó de mirar por la mirilla por mucho miedo que le diera, quería seguir los pasos del animal y pensó en que todas las ventanas y a puerta de atrás estaban cerradas, pero no estaba segura. Corrió hacia la puerta del jardín como alma que lleva el diablo y la cerró dando un fuerte golpe que hizo que en a los pocos segundos apareciera el animal frente a ella y detrás del cristal de la puerta.
    Tess vio que, efectivamente, se trataba de una pantera negra de ojos ambarinos y que no dejaba de himpar y mirarla como si fuera su siguiente víctima. Estaba asustada pero en vez de correr las cortinas para tratar de que el animal no la viera se puso de rodillas a la misma altura que la bestia y se la quedo mirando hipnotizada. Era un ejemplar impresionante, con un pelaje negro y brillante El animal no arañó el cristal como hubiera supuesto Tess, sino que se movió de un lado a otro como esperando a que le abrieran la puerta para poder entrar. Así estuvo varios minutos hasta que de pronto de quedó frente a Tess y se sentó sobre sus patas traseras más calmado.
     Tess vio que las patas negras tenían restos  de arena de la playa por lo que supuso que el animal había estado por la orilla del mar, quizás la había visto y seguido hasta la casa. ¿De donde había salido el animal? ¿Un circo? Hacía años que no se permitían ese tipo de espectáculos. ¿Una mascota de un particular? Era poco probable. ¿Entonces de dónde diantres había salido? Se levantó para buscar su teléfono y cuando fue a hacer la llamada delante del animal, la pantera se levantó sobre sus patas traseras y su cuerpo comenzó a llenarse de bultos por todo su cuerpo que se movieron en ondas bajo el pelaje.