viernes, 3 de agosto de 2018

Relato: La casa de la playa (Parte 3)


Tenía que ser todo producto de su imaginación. No era posible que el tal Giles y Sebas le hubieran dicho que eran krenian. Abrió su portátil y buscó por internet alguna referencia, pero por mucho que tecleó en el buscador no salió nada que se le pareciera. ¿Una secta? Debía de ser eso, era la única explicación posible y ellos se habían creido que ella formaba parte de dicha secta por llevar el collar que había encontrado por la mañana paseando por la playa.
    Decidió encender la tele y ver una película para no tener que pensar en nada más. Pensó en hojear sus mails para ver si tenía cosas importantes del trabajo de las que tratar pero en cuanto abrió la aplicación y vio que había diez mensajes cerró el portátil de golpe.
- No- se dijo en voz alta. No podía tocar el trabajo durante un par de días. Intentó concentrarse en la peli que tenía delante de sus ojos pero a los diez minutos se quedó dormida.
 Una suave vibración la despertó de un sueño agitado. Agachó la cabeza y vio que se trataba del colgante encontrado en la playa que aún prendía de su cuello. Estaba brillando.Lo tocó con cautela sorprendida y notó que estaba tibio. Se lo quitó del cuello para observarlo con mayor detenimiento.
- ¿Pero que....?- exclamó sin dar crédito a lo que estaba viendo. El dibujo del collar había cambiado también y ahora parecía ser una llama de color azul parpadeante. ¿Era eso lo que había dicho Giles? ¿Qué el collar marcaría la hora de la reunión? A simple vista el collar parecía un trozo de piedra, sin ninguna tecnología que pudiera sugerir algún tipo de luz interna pero ¿de donde provenía entonces esa luz? No era posible. ¿Magia? Se rió de si misma al insinuar que pudiera ser eso.
    Se levantó del sofá asustada pero a  la vez intrigada. Tenía que averiguar de qué se trataba todo aquello. Se cambio de ropa y se puso unos tejanos cortos, una camiseta y unas Converse dispuesta a salir en plena noche.
    Encontró la aplicación de  linterna en el móvil y  salio cerrando con llave. Eran las dos de la mañana. El camino hacia el camping era mejor hacerlo por la zona de la playa. Tenía miedo de que le llamaran la atención por la puerta principal de uno de los guardas. Seguramente no habría problema pero mejor era pasar desapercibida.
   No le fue difícil ir por el sendero con la linterna del móvil pero en cuanto llegó a la playa la cerró. Se veía bastante bien gracias a la luna y a la luz que provenía del pueblo.Era mejor así. No quería que nadie se fijara que venía alguien por la playa.
   El chiringuito de la playa ya había cerrado. Todas las mesas y sillas habían desaparecido. Imaginó que estaban dentro de la caseta por si había algún amante de lo ajeno por los alrededores. Se acercó hasta la puerta de la entrada al camping, era una verja alta y de metal. Estaba cerrada. Miró hacia todos lados tratando de encontrar otro punto de acceso pero estaba bien protegido. Se le ocurrió la estúpida idea de acercar el colgante a la cerradura y ésta cedió al acercarlo y sin tocarlo,dejando a Tess anonadada.
     Entreabrió la puerta y se coló dentro del recinto como un ladrón. Una vez dentro caminó con sigilo. Todo estaba en silencio, no se oía más que el agua de las cascadas de una de las piscinas principales del complejo. Siguió caminando sin saber muy bien hacia donde dirigirse. No tenía ni idea de lo que buscaba. Decidió acercarse hasta el edificio principal y curiosear por su alrededor con la esperanza de que algo la llamara la atención. No tardó en ver una luz que provenía de una de las puertas. Con el corazón martilleando su pecho puso su mano en el picaporte para entrar, pero su sensatez la detuvo. ¿Qué demonios estaba haciendo ella allí? Se suponía que estaba de relax y que debía de estar tranquila durmiendo el casa de sus tíos. En vez eso se encontraba allanando una propiedad privada con la posible consecuencia de la cárcel o una alta sanción. ¿Estaba loca? Estaba delinquiendo. Dio dos pasos atrás para alejarse de alli cuando una mano se posó en su hombro haciendo que saltara asustada y girara su cabeza.
- Hola -dijo Giles sin más.
- Ah, hola- dijo disimulada y sin que notase su nerviosismo.
- ¿Entramos?
- Cla...claro- Tess dejó que el chico abriera la puerta y ambos entraron en una amplia sala repleta de sillas y mesas  apelotonadas contra las paredes. Un grupo de personas se giraron cuando entraron y Tess supo que estaba perdida.
- ¿Quien es ésta?- se adelantó una mujer castaña y menuda que debía de tener una edad similar a la suya.
- ¿No la conocéis?- se extrañó Sebas mirando al resto de los congregados que parecían estar tensos ante la desconocida.
- He llegado hoy y no he tenido tiempo de presentarme a nadie.- Tess pensó que eso de mentir se le estaba dando de maravilla.
- Entonces tendrás que presentarte.- Ahí habían pillado a Tess y no supo qué contestar pero notó que todas las miradas seguían clavadas en ella.
- Más tarde- exclamó Sebas- ahora lo importante es lo que nos ha traído aquí. Podemos estar tranquilos.
    Sebas le cogió la mano a Tess y  la condujo junto al resto de los congregados.
- Y ahora que estamos todos será mejor que nos pongamos cómodos.- dijo un hombre frente a Tess que debía de rondar los cincuenta años.