sábado, 14 de julio de 2018

Relato: La casa de la playa (parte 2)


El día resulto relajante. Paseos por la playa, lectura y siesta. Tess no pudo pedir más para el primer día de relax que necesitaba, pero seguía pensando en la editorial y en el montón de trabajo que había dejado atrás para que los compañeros lo acabasen. Sabía que no era justo pero también se dio cuenta de que necesitaba desconectar un poco de todo aquello porque se notaba ansiosa por volver. Había olvidado que la vida no sólo era trabajar sino disfrutar de los pequeños placeres diarios que podían otorgar la inactividad.
     Sobre las ocho la tarde decidió acercarse hasta el chiringuito y cenar en él, así que se puso un vestido largo de flores verdes y azules con un fondo blanco y cogió una chaquetita porque el aire del mar era fresco. Decidió dejarse el colgante que se había encontrado con la esperanza de que alguien lo reconociera del camping y pudiera reclamarlo. No era suyo y su dueño lo estaría buscando. Caminó sin prisas, paseando de nuevo por la orilla del mar notando como el agua chocaba contra sus pies y se hundían en la finísima arena. Era relajante.
   Cuando llegó al chiringuito no había nadie sentado en él. Un chico atendía la caseta y se acercó hasta donde ella se había sentado para preguntar lo que quería. Le pidió un bocadillo vegetal y una cerveza . Tess había elegido una de las mesas que estaban más cerca de la orilla y mientras esperaba a que le trajeran el bocata el camarero le trajo la jarra de cerveza y una tapa de olivas. Ella le agradeció el detalle de la tapa con una sonrisa. No ponían tapas en todos los sitios y siempre era agradable. Agarró la jarra fría y dio un largo y delicioso trago. Sacó su móvil del bolso y abrió los mensajes pero la cobertura en aquella zona era muy mala y aunque le hubieran mandado mensajes hasta que no volviera a la casa no llegarían.
     Decidió no pensar en nada más que no fuera en admirar las vistas y vio como una familia con dos niños se acercaba hasta la orilla de la playa y comenzaran a caminar por ella. Tess los siguió con la vista hasta que el camarero se acercó para darle su cena. Olía delicioso y le pegó un mordisco mientras la mayonesa se desparramaba por unos de los lados. No se dio cuenta de que una persona se sentaba el la mesa de al lado hasta que dejó el bocata de nuevo en el plato. Se trataba de un chico de unos venticinco años, con camiseta blanca y unas vermudas grises. Era rubio y Tess supuso que era extranjero por la piel de los brazos que estaba roja como los cangrejos de río, El chico le sonrió mientras ella se limpiaba la comisura de los labios con una servilleta minúscula de papel.Le iba a decir hola pero temía que pudiera darle pie a una invitación de acercamiento y no tenía ganas de hablar con nadie. Hizo una media sonrisa y volvió a mirar al frente.
- Hola. ¿Puedo?- exclamó una voz frente a ella. Tess se quedó tan parada que aceptó al chico con un ademán afirmativo.- ¿Te alojas en el camping?
- Si.- le dijo. No quería que supiera que vivía en una casa solitaria junto a la playa y pudiera seguirla para hacerle algo. Había leído muchos libros y visto muchas películas como para decirle a un desconocido donde vivía.
- No te había visto aún, ¿En qué zona estás?
- Aloha- dijo sin más. Aquella misma tarde había chafardeado la página  del camping en internet para ver de qué tipo era.  Había oído hablar de campings nudistas  y temiera que fuera uno de esos, no porque le importara sino por saber si podía encontrar a gente desnuda por la playa. Le hubiera dado algo de corte esa situación. Era un camping familiar muy grande, de esos que tienen dos piscinas tremendas y un montón de bungalows a cual más caro. Se fijó en que estaba dividido en diversas zonas con bungalows de distintos tipos y con nombre de cada uno de ellos.
- Yo estoy en los Glamping.
- ¿Hay glampings individuales?- Tess había dado por sentando de que se encontraba solo en el camping.
- No, estoy con unos amigos. Se han quedado en la piscina antes de que cierren pero a mi me apetecía tomar algo aquí.- pues por el acento dedujo Tess que debía de ser de Inglaterra pero  hablaba perfectamente el castellano.
- ¿Eres inglés?
- Si, de Swindon. Me llamo Giles
- Yo soy Tess¿Y qué haces por estos lares?- Tess le dio otro bocado al bocadillo mientras esperaba la respuesta.
- A la reunión, como tu.
- ¿Reunión?- Tess se quedó con un trozo de bocata en la boca a medio masticar.
- Sebas es krenian, no te preocupes.
- ¿Sebas kre...?
- El chico del chiringito. No dirá nada.- Giles le guiñó un ojo y señaló su medallón. mientras se bebía el resto de su cerveza.- te dejo, nos vemos más tarde. Mis amigos habrán salido ya de la piscina y nos tenemos que preparar.
- Vale, hasta luego- ¿De qué diantres estaba hablando? ¿Reunión? ¿El medallón significaba algo? ¿Y ella porqué le había sonreído como si supiera de qué puñetas hablaba? Lo que parecía estar claro era que el medallón significaba algo para Giles. Prefirió no saber más y largarse de allí así que en cuanto se terminó el bocata, pidió un chupito y de un trago se lo metió en la garganta. Pagó la cuenta y el tal Sebas salió de detrás de la barra y le dio dos besos en la mejilla dejando a Tess sin saber qué decir. ¿Se habían vuelto todos locos?
- Hasta luego- le dijo y Tess se alejó del chiringuito, ya lleno de gente, hasta la orilla de la playa para desandar el camino hasta la casa de sus tíos. Aún seguía flipando. La idea de dejar el colgante en el chiringito por si preguntaban por él quedaba descartada como pensó antes de llegar allí.
     Cuando llegó hasta la zona de la playa en la que debía de torcer miró hacia atrás y no vio que nadie la siguiera. Torció hasta el sendero cuando las últimas luces del día lo iluminaban,  y llegó hasta su casa con el corazón aún desbocado.