domingo, 8 de julio de 2018

Relato: La casa de la playa (Parte 1)

 
     Tess abrió los grandes ventanales que daban a la parte trasera de la pequeña casa y miró con asombro las vistas que tenía ante ella. El mar en calma repleto de embarcaciones de recreo, el sonido inconfundible de las olas rompiendo en la playa, el azul del cielo reflejándose en la superficie marina, todo parecía estar sacado de una fotografía idílica. Respiró con profundidad y notó como el olor salobre penetraba en ella como un bálsamo reparador. Era lo que necesitaba para estar desconectada unos días de la gran urbe. Antes de desayunar decidió ponerse unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes negra y salir a caminar por la playa.
    
     Había llegado la noche anterior pero apenas sí había visto nada del entorno que rodeaba la casa de sus tíos y se había acostado cansada y sin querer inspeccionar la zona. Ahora que caminaba por el sendero repleto de vegetación alta y espigada podía asombrarse de la increíble situación de aquella pequeña casa en la costa catalana,  y que pertenecía a sus tíos por parte de madre. Tendría que haber aceptado mucho antes sus insistentes invitaciones para ir a disfrutar unos días allí pero ella siempre había estado ocupada en la editorial y apenas sí tenía tiempo para disfrutar del tiempo libre. Su jefe, que la había visto tan estresada aquella semana le instó a que cogiera unos días libres para cambiar de aires. Ella se había negado porque necesitaban cerrar las nuevas publicaciones del mes de septiembre antes de que llegara agosto, pero Raúl la había medio echado de la oficina como si fuera una niña pequeña.
      
     Cuando el camino comenzó a ser arena se quitó las zapatillas y las llevó en la mano mientras con la otra rozaba las altas hierbas que intentaban barrer el paso a las personas que caminaban por el estrecho sendero. Subió una pequeña cuesta y cuando llegó hasta arriba se quedó maravillada ante el paisaje que tenía frente a ella. Era una playa ancha, con arena fina y metros y metros para caminar de una punta a otra. Muchas partes estaban protegidas por vallas y postes de madera para que la gente evitara pisar esas zonas, bien por la vegetación y por los animales que pudieran anidar allí en época de cría. Mis tíos me habían dicho que en aquella zona los únicos que solían ir a la playa era un camping que tenía acceso directo pero que tampoco se llenaba de gente porque el camping tenía dos piscinas enormes y muchos preferían el cloro al agua salada. No sabía si llorar o reír. Era el lugar perfecto para pasar unos días sin pensar en nada más que no fuera en relajarse y leer  un libro que no fuera de lectura obligatoria.
     
     Se acercó hasta la orilla y sus pies tocaron el agua. Estaba fría pese a ser la el mes de julio pero no los apartó y dejó que el agua los lamiera.  Miró hacia el lado derecho para ver hasta donde llegaba la playa. Unos metros más hacia delante pudo vislumbrar la salida del camping porque tenía un chiringuito de playa. Se acercaría por la tarde para tomar algo fresquito, se dijo animada. Se dio la vuelta y comenzó a desandar lo caminado y cuando estaba a punto de volver a meterse dentro del sendero algo brillante llamó su atención por el rabillo del ojo. Se giró y se acercó curiosa.Cuando llegó se agachó y vio  que se trataba de un medallón transparente. Sorprendida tiró de él  y se desenterró una cadena plateada junto. Se lo acercó mejor y vio que dentro del medallón había grabado un dibujo de un sol igual de transparente que el resto. Se lo colgó al cuello porque la cadena era bastante larga y volvió a retomar el sendero.

   Nada más llegar a la casa su móvil sonó. Se acercó hasta él que había dejado sobre la mesa de la sala de estar y vio que se trataba de su tía Merche.

 - Hola tía-
- ¿Todo bien?
- Si, todo perfecto. No sabía que tuvierais una casita tan cerca de la playa.
-Lo que pasa es que no escuchas nunca cuanto hablamos.
 - También podría ser- dijo algo avergonzada.
- Bueno, no importa. Ya se que estas siempre muy liada y tu madre me dijo que andabas algo estresada. Espero que te vaya bien descansar unos días allí. Tienes la nevera a tope. Estás en tu casa.
- Gracias tia, no sabes cuanto te lo agradezco.
- Cualquier cosa me llamas. Ya que tengo solo una sobrina tendré que cuidarla ¿no?
    Tess sonrió agradecida.
- De verdad que muchas gracias. Es perfecta.
- Ya lo se. Disfruta estos cuatro días que luego vamos nosotros a pasar el resto del mes allí.
- Te lo dejaré tal y como estás.
- No te preocupes de dejarlo todo perfecto y disfruta. Muchos besos, te dejo que tu tio y yo cogemos el vuelo en media hora.
- Muchos besos.- Tess colgó y vio si tenía algún mensaje más. Su madre le mandaba recuerdos. Ya la había llamado la noche anterior cuando llegó a la casa. Le mandó un emoticon de beso y volvió a dejar el móvil en la mesa.

    Decidió que era hora de preparase el desayuno y abrió a nevera.

    La casa era de dos plantas. La primera estaba el salón y la cocina todo el uno, y un cuarto de baño. En la segunda planta se encontraban dos habitaciones grandes y un pequeño cuarto de baño. Tess había cogido el cuarto de la derecha que era el de invitados, por nada en el mundo hubiera dormido en la cama de sus tíos, le daba cosa. Su cuarto tenía una cama de noventa, un escritorio, un armario muy grande y un sillón junto a la ventana con una lamparilla de pie. También tenía un pequeño jardín que daba a la parte de la playa y en la cual  tenían una mesa y unas sillas para descansar. No se podía ver desde allí la playa porque tenía vistas a las altas dunas pero seguía siendo perfecto.

      Era una de las diez casas que había repartidas por toda la zona. Durante años se había explotado la zona sin ton ni son y la gente había edificado con permisos de urbanización de extraña procedencia. Sus tíos habían comprado la casa hacía más de quince años y me dijeron que les costó bastante. La habían ido alquilando para sacar adelante la hipoteca pero ahora la tenían toda saldada y ya no la compartían con nadie, sólo con los padres de Tess y, en aquella ocasión, con la misma Tess.

     Después de acabar con el último trozo de su sanwich y su café con leche decidió que era un buen momento para dar una larga caminata y mover un poco el cuerpo.