domingo, 4 de febrero de 2018

El geko de piedra 12

- ¿Olivia?- exclamó Diego a la oscuridad después de levantarse del suelo. Otra vez había vuelto a caer al traspasar el agujero dimensional y tenía el costado derecho magullado por el trompazo contra un suelo, en esta ocasión, duro y arenoso
- Si, estoy aquí- dijo Olivia- no te muevas, voy a moverme yo a ver si nos tocamos. Háblame mientras me voy moviendo.
    Diego escuchó unos pasos que se deslizaban contra el suelo y comenzó a hablar para que Olivia pudiera localizar su posición.
- Vale. Pensé que nos llevaría a casa de nuevo el anillo pero ¿sabes donde podemos estar? Dijiste que tenías que pensar en el lugar y el anillo te hacia caso. A mi me parece que no tienes ni idea de como funciona- Diego paró de hablar para que Olivia lo pudiera localizar cuando notó una mano que le tocaba brazo.
- ¿Diego?
- Si, soy yo- dijo cogiéndole la mano.- parece que estamos en una cueva o algo. Caminemos juntos a ver si encontramos alguna pared. Y no sigas regañándome porque estoy igual de desorientada que tu. Mi madre sí que sabía lo que significaba todo este embrollo pero yo no tenía ni idea de en que lio andaban metidas mi madre y mi abuela.- Diego se sintió un poco culpable por andar protestando a cada rato. Si ella no sabía donde se habían metido la cosa se iba complicando por momentos.
    Diego comenzó a caminar con Olivia poco a poco extendiendo la mano libre para evitar que pudieran chocar contra algo.
- ¿Devil?- llamó Olivia. Un ladrido anunciando su presencia rebotó por toda la oscuridad.-¡ Que alegría chico!
     Notó Olivia entonces que el perro se había puesto a su costado y bajó la mano para acariciarlo. Soltó la mano de Diego para tocar al perro. Quería comprobar que fuera real pese a no verlo.
- No te sueltes!- exclamó enfadado al mismo tiempo que temeroso de perder el contacto con la chica.
- Perdona, pero quería comprobar que Devil estuviera bien. Él nos puede orientar mejor aquí. ¡Devil! ¿Nos sacas de aquí?
- No te va a entender, es un perro.- Olivia notó el deje de sarcasmo en sus palabras.
- ¿Y tu qué sabes?- Devil ladró y comenzó a cambiar la dirección a la que iban. Olivia iba agarrada al lomo de Devil y la otra mano la tenía sujeta a la de Diego.
    No tardaron en comenzar a ver algo de claridad al fondo y a su alrededor y a vislumbrar formas rocosas dándoles a entender que se encontraban en una cueva.Diego se sentía tan desorientado por todo lo que estaba pasando que aún pensaba que debían de estar tomándole el pelo. Esa mañana había estado ayudando a su padre en la tienda, antes de que lo mandara a casa de Blanca, y ahora estaba allí, en un lugar extraño y rodeado por una total oscuridad. Esperaba salir de aquel lío antes de que su padre notara su ausencia y se preocupara. Aunque no tenía ni idea de como iban a volver a Coralia sin ni siquiera Olivia sabía como habían ido a parar allí. Tenía esperanzas de que la muchacha acabar por controlar el anillo y los llevara hacia la dirección correcta. Menos mal que tenían a Devil que parecía tener claro hacia donde ir.
    Salieron a un claro de un bosque. Pero no era el mismo bosque que el anterior sino que los árboles eran altas palmeras y al mirar a sus pies se dieron cuenta de que el suelo era de arena, como la del desierto. Sorprendido, Diego se agachó y tocó el suelo para comprobar que no se equivocaba.
- ¿Arena ? Debemos de estar en un desierto.
- Si, es raro- Olivia no podía creer que estuvieran en un sitio completamente distinto al anterior, pero al menos no estaba el oso. Pero aquello se asemejaba a un oasis en medio del desierto. La cosa no podía ir peor. Una flecha silbó en el aire y rozó la oreja de Diego y se clavó en la palmera que había dejado atrás hacía apenas unos segundos.
- Si, la cosa puede ser peor- exclamó Diego como si hubiera leído el pensamiento de Olivia. Había frente a ellos una mujer vestida con apenas un taparrabos y una tela que le cubría los pechos, con un arco tensado con una nueva flecha por lanzar.
      La desconocida debía de tener la misma edad que ellos. De pelo largo, rizado y negro recogido por una coleta, de cara redonda, ojos marrones y grandes, Su tez chocolate perlada por el sudor brillaba como si le hubieran tirada un cubo de purpurina. Olivia notó que pese a estar erguida y seria frente a ellos,con el arco tensado en señal de peligro  su pecho respiraba con rapidez, como si hubiera venido corriendo de algún lugar lejano.
-¡ Alto!- exclamó la desconocida tensando aún más la cuerda del arco, intimidándolos.
- Hola, nos hemos perdido- exclamó Diego dando un paso adelante y extendiendo la mano de forma suave para no hacer movimientos bruscos y que la flecha, que en esa ocasión apuntaba directamente a ellos se escapara y los hiriera.
- Estáis en zona prohibida.- la muchacha seguía sin bajar el arco y se mantenía adusta ante ellos pese a ver que no tenían armas con las que atacarla.
- Lo sentimos. No sabemos donde estamos.- Olivia le hizo una media sonrisa para calmarla y la chica destensó un poco el arco. Le vino entonces a Olivia la imagen de Sandra, su mejor amiga, no porque fueran del mismo tono de piel sino por la seriedad de la mirada. Cuando entrenaban ponía esa misma mirada, llena de advertencias de que iba a ganar costara lo que costara en el dojo.
     Cuando Olivia alzó también la voz para pedirle que se tranquilizara la joven miró el anillo que llevaba.
- !Geko¡- exclamó volviendo a tensar el arma.
   Diego miró sorprendido a Olivia sin entender nada.
- ¿Conoces mi anillo?
- Ese anillo no es tuyo, es de Blanca.
- Blanca era mi bisabuela - le aclaró Olivia
- ¿Dónde está?- 
- Murió.
   La chica bajó el arma.
- Acompañadme- dijo girándose y sin que ellos le dijeran que sí. Olivia y Diego se miraron y la siguieron, seguidos de Devil que no parecía que la extraña le resultara una amenaza.