miércoles, 7 de noviembre de 2018

Relato La casa de la playa (parte 7)

Tess intentó forzar sus ataduras mientras los dos hombres y la mujer llamada Hester discutían por ver qué iban a hace con Sebas, que en esos momentos comenzaba a despertar del suelo. No estaban contentos ninguno de ellos porque la mujer les había insinuado que debían acabar con Sebas y los hombres eran reticentes a cumplir las órdenes de Hester.
- Una cosa es darle una paliza para que aprenda donde está su lugar y otra muy distinta es acabar con uno de los nuestros.- exclamó uno de los hombres que miraba a Hester serio.

- ¿Me estas diciendo que no acatas mis órdenes?
- Te estoy diciendo que no vamos a matar a Sebas por un capricho tuyo. Todos sabemos que estas enfadada con él desde que te dejó plantada y no vamos a matarlo por mucho que quieras.

- Ya lo hago yo- dijo acercándose a Sebas.
- Ah, no. Ni hablar.- el hombre la agarró por un brazo y su compañero hizo lo mismo con el otro.- mata a la mujer si quieres pero a Sebas no.
- Malditos- dijo malhumorada forcejeando para que la dejaran de agarrar.
- Te soltamos si prometes no hacer nada a Sebas.
- De acuerdo- dijo resignada. Los dos hombres la soltaron y ésta se alejó de Sebas que ya se estaba despertando.- me comeré a la chica.
- Haz lo que quieras con ella.
   Tess gritó cuanto pudo pero sabía que era una tontería. Nadie le escucharía porque la casa estaba algo apartada del resto de la urbanización. Hester se acercó a ella mientras se transformaba en un jaguar.
- ¿No os podéis transformar en algún animalillo simpático?- dijo ironizando el momento mientras seguía intentando soltar sus ataduras.
- No podría comerte- sonrió uno de los hombres que ayudaba a Sebas a incorporarse.
- Alto!- exclamó Sebas enfocando la vista hacia Tess sentada en una silla mientras se acercaba un jaguar hacia ella.
       Hester rugió y giro la cabeza enfadada pero no hizo caso a Sebas y volvió sus ojos hacia su víctima momento que hizo que Sebas se transformara en pantera y saliera corriendo sobre sus cuatro patas  para colocarse entre ambas.
- Déjala, no vale la pena.- exclamó uno de los hombres que no se había ni movido del sitio
    Los dos felinos se miraron altivos y desafiantes. Ninguno de los dos parecía tener intención de recular y ambos rugieron enseñando los colmillos e intentando intimidar al otro. Sebas sabía que Hester era muy peligrosa por eso se mantenía a una distancia prudencial tocando con su cuartos traseros las piernas de Tess. Hester lanzó unas de sus garras hacia la cara de la pantera pero ésta las esquivó sin problemas.
- ¡¿Os habéis vuelto todos locos?!- gritó una desconocida en la entrada de la casa.
    Todos se giraron sorprendidos.
- ¿ Tía?- gritó Tess con lágrimas en los ojos. - 
- ¿Qué está pasando aquí?
- Sal corriendo tía.- Tess volvió a mover las manos entre las cuerdas y una de éstas de aflojó y pudo desatarse de un lado alzando la mano para ahuyentar a su tía. Estaba en peligro.
- Sólo queríamos asustarla- se adelantó uno de los hombres para tratar de aclarar la situación.
- ¿Desde cuando hay que asustar a la gente, Darío?
    Tess se quedó estupefacta al darse cuenta de que su tía parecía conocerlos a todos.
     

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