miércoles, 27 de junio de 2018

Entrevista a Fernando Codina


  
     El otro día me propusieron entrevistar a un escritor dentro del elenco artístico de la editorial Wave Books y les dije que si porque para mi siempre es un placer tener la oportunidad de hacerles preguntillas a los escritores, y que nos desvelen un poquito la magia que realizan en sus páginas. En esta ocasión se trata del autor de Te Veo, una antología de relatos de terror y que, si os pica la curiosidad, encontraréis en este mismo blog su reseña.

  Fernando Codina. Periodista, escritor, poeta y blogger. Amante del cine, de la literatura, de la buena música y de la buena mesa, disfruta lo mismo con un kebab grasiento que con un cocido casero de tres vuelcos (aunque puesto a elegir, prefiere un bocata de calamares recién hecho y una cervecita de “El Brillante”).
Aunque empezó a leer muy pronto y sus gustos son bastante eclécticos, tiene preferencia por Stephen King, Robert R. Mc Cammon, Dan Brown y Clive Cussler, por citar algunos autores a los que es fiel desde hace años.
Lleva escribiendo más o menos en serio desde el 2011, y en la actualidad mantiene varios blogs en activo, el más frecuentado es el de poesía. Lo de escribir terror no deja de ser una manera de exorcizar a los demonios que todos llevamos dentro, algunos de los cuales encontraréis en las páginas de su próxima publicación...


__ ¿Por qué una antología?
La antología es el mejor modo de poner juntos relatos que han ido surgiendo a lo largo del tiempo, para dotarles de una entidad, y darles una forma medianamente coherente. En mi caso, muchos de estos relatos han aparecido en mi blog, por lo que era una solución lógica. Agruparlos por tema ha representado de todas formas un reto.
__ ¿Estas historias de dónde han surgido? ¿De dónde proviene la inspiración de crear unas historias tan terroríficas?
La mayor parte de las historias han surgido de mis sueños, o mejor dicho, de mis pesadillas. En ocasiones son tan vívidas, que me despiertan en mitad de la noche. Tengo en el cajón de la mesilla una grabadora digital, y a veces grabo lo que recuerdo resumido en tres o cuatro frases, y luego les doy forma más adelante. Y sin embargo, jamás veo series o películas de terror, y mucho menos de fantasmas. Lo paso francamente mal.
__ ¿Por qué este género?
La gente ama que le hagan sentir miedo. El terror siempre nos ha gustado, desde los cuentos alrededor de la hoguera de los primeros pobladores, cuando todavía vivíamos en las cavernas, hasta las historias de terror o de fantasmas del siglo XIX. Y todavía nos sigue encantando pasar miedo, para mayor beneficio de señores como Stephen King, Dan Simmons, Peter Straub…
__ ¿Qué consejo darías a las personas que quieren escribir género de terror?
El mejor consejo que puedo darles, que se centren en lo que les da miedo de verdad, en transmitir sus emociones primigenias. No porque mucha gente escriba el género zombi, por ejemplo, tienes que centrarte en ese tema, si no te llama la atención. El escritor de terror exorciza de alguna manera sus propios temores, domesticándolos y convirtiéndolos en frases, en relatos.
__ ¿Cómo fueron tus primeras experiencias como escritor que ya ha publicado?
Como llevo muy poco tiempo publicando, y Wave Books ha sido la primera editorial en confiar en mis monstruitos, solo puedo decir que es muy divertido, verte implicado en todo el proceso, de principio a fin. Lo más importante es tener una buena publicidad, que la editorial se involucre y apueste por ti.
__ ¿Nos puedes contar tu experiencia con la editorial Wave?
No ha podido ser mejor. Yo conocía a Irene Comendador desde hace unos cuántos años, y hemos mantenido el contacto, por lo que cuando me enteré de la nueva aventura en que se embarcaba, le mandé la antología. Ha sido toda una experiencia, sobre todo cuando por primera vez ves la portada, o corriges las galeradas del texto. Estoy deseando volver a publicar con ellos en un futuro próximo. Wave es una pequeña editorial, que está dando la alternativa a un puñadito de personas, que tal vez se conviertan en los grandes escritores del mañana.
__ ¿Cuáles han sido las obra que más han influido en tu carrera literaria?
La primera obra de terror que leí fue “El Resplandor”, de Stephen King, cuando tendría poco más de nueve años, y esa escena de las gemelas al final del pasillo, o la del cadáver en la bañera, se volvieron mucho peores en mi imaginación que en la propia película de Kubrik. Soy coleccionista de ciertos escritores de terror, como Robert R. Mc Cammon (me encantó “Mary Terror), Peter Straub (impresionante su obra “Koko”) o Dean R Koontz (“Medianoche” es de lo mejor que he leído de ese autor). Pero sigo asustándome y evitando las novelas de fantasmas…

Periodista, escritor, poeta y blogger, siempre en pos de la esquiva musa, y siempre corriendo tras un sueño como un perro en busca del mejor hueso del universo. 


     Y desde aquí doy las gracias a Fernando Codina por contestar a todas mis preguntas. Saludos y esperando tus siguientes trabajos. 

martes, 26 de junio de 2018

Reseña Siempre hemos vivido en el castillo




Siempre hemos vivido en el castillo
Shirley Jackson (1962)
Editorial MINUSCULA
Traducción Paula Kuffer
204 páginas
18,50 euros tapa blanda










Resumen:

    "Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros,  ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto." Con estas palabras se presenta Merricat, la protagonista de Siempre hemos vivido en el castillo, que lleva una vida solitaria en una gran casa apartada del pueblo. Allí pasa las horas recluida con su bella hermana mayor y su anciano tío Julian, que va en silla de ruedas y escribe y reescribe sus memorias. La buena cocina, la jardinería y el gato Jonas concentran la atención de las jóvenes. En el hogar de los Blackwood los días discurrían apacibles si no fuera porque algo ocurrió, allí mismo, en el comedor, seis años atrás.



Opinión:

     Descubrí este libro gracias a una  usuaria de Twitter que lo recomendaba por la red (Gracias Nuria) y cuando le pasé por la biblioteca los busqué por si podía encontrarlo allí. Me picaba la curiosidad. Y si, lo encontré.

     Es un libro que te lees en apenas unos días, no solo porque es cortito sino porque tiene una prosa ligera y fácil de seguir. 
    
       La vida de la familia Backwood se vio azotada por una terrible tragedia que es por la que gira todo el hilo de la historia y por la que los tres miembros de la familia se hayan recluidos dentro de la gran casa apartada del pueblo  y sus gentes. 

    La historia en sí parece bastante simple, con la apacible vida de las dos hermanas y el tío de éstas en la rutina diaria, pero a medida que vamos leyendo descubrimos un mundo lleno de matices y una atmósfera escalofriante que nos transporta a los pensamientos un tanto extraños de una adolescente que se ha criado de forma salvaje en las tierras de la familia, como única compañía de una hermana y un tío que va en sillas de ruedas y no puede dejar de pensar en el pasado y en el terrible momento que pasó la familia hace unos años. También se encuentra Jonas, un gato que sigue a Merricat a todos lados. Pero la vida apacible que llevan se verá interrumpida por un pariente que desbaratará su mundo y lo pondrá patas arriba.  

      Me ha impresionado bastante la historia y el ambiente en el que se mueven y las sensaciones que provoca la protagonista a medida que la vas conociendo.

    Un libro excelente que merece la pena leer. Mi valoración personal es de un 5 sobre 5.


   Para más info de la autora acercaos a la Wikipedia



lunes, 18 de junio de 2018

Reseña La hija del fotógrafo





La hija del fotógrafo
Víctor Navajo
Editorial Caligrama Link
492 páginas
18 euros tapa blanda Amazon
3,79 euros versión ebook Amazon









Resumen:

     Sebastián, nacido en 1941, es un adolescente reflexivo y observador que descubre, con solo diez años, el poder de las palabras. Desde entonces, se esfuerza en aprender a usarlas adecuadamente con un solo objetivo: compensar su escasa valentía y fuerza física. Para ello, las colecciona en carpetas etiquetadas por sabores, sentimientos, colores, etcétera, logrando conseguir el respeto de sus compañeros del instituto.

«No tendré músculos pero tengo palabras», reflexiona tras su éxito.

     Amelia es la hija de un fotógrafo combatiente de la División Azul, hecho prisionero por los rusos en 1942, pocos meses después de que ella naciera en Berlín. Repatriado a España tras once años de cautiverio, recupera a su hija y ambos se establecen en Jarana, el pueblo de Sebastián. El joven se enamora de la muchacha y en su diario va describiendo las inquietudes y zozobras que ese sentimiento provoca en él, así como las entrañables relaciones con sus dos amigos, la vida del pueblo y los conflictos físicos y religiosos que le causa su incipiente sexualidad.
     Dos años más tarde Amelia se traslada a Madrid. Sebastián no soporta la separación e intenta localizarla, emprendiendo una serie de aventuras que somete a prueba su tenacidad e ingenio.


Opinión:
    
   Siempre es un placer encontrar una pequeña joya entre todos los libros que leo a lo largo de las semanas. Y es que este libro hasta hace un mes desconocía que existiera y me lleva a preguntarme cuantos libros son los que pasan desapercibidos en el panorama literario y que realmente son una maravilla. Me asombra encontrar tales tesoros y me da pena pensar que, tras esta reseña, siga igual de ignorado que hasta entonces, pero espero que algunos la leáis y descubráis a este magnífico escritor que se esconde tras La hija del fotógrafo.

      Ya sabéis que yo no hago reseñas malas que puedan perjudicar el trabajo de otra persona, simplemente lo que hago es no reseñarlas y ya está, no me gusta menospreciar el trabajo de un autor, aunque no sea bueno, porque lleva mucho esfuerzo el emprender una tarea tan titánica como es el escribir una novela. Cuando contactaron conmigo para enviarme un ejemplar del libro pensé en que no debía de ser muy bueno y debían darle un empujón con algunas reseñas. Mi sorpresa fue mayúscula al descubrir que este libro no es solo una maravilla, de esas que te dejan hipnotizada y no puedes parar de leer sino que es uno de esos libros que lo pones como uno de los mejores en las lecturas del año.

    Ha sido para mi un placer inmenso poder devorar sus páginas sin medida alguna, sin poder dejarlo en casa mientras salía a la calle porque su historia me tenía hipnotizada. Y es que no encuentro tantos libros que me produzcan tal sentimiento y cuando los encuentro me gusta saborear todo el momento que puedo estar con ellos y lanzarme a un torrente de sentimientos y sensaciones que me provoca el mero echo de leerlos.

   El libro nos transporta a la España de los años cincuenta y a la vida de un muchacho llamado Sebastián (el cual me ha robado el corazón) que nos va relatando su vida y sus descubrimientos a modo de diario personal. De como la llegada de una nueva familia a su pueblo, Jarana, desbarata todo su mundo y lo vuelve del revés, de como se enamora perdidamente de la nueva alumna del instituto. A través de sus ojos vemos los conflictos internos que tiene ante tales entrañables e inocentes sentimientos que se van cambiando con el paso de los años.

     Este libro es, ante todo, una historia de amor llena de obstáculos en un mundo de presión religiosa y social en un pequeño pueblo donde cualquier chisme puede convertirse en una llama destructiva.

    La hija del fotógrafo tiene una excelente, prosa una estructura sólida y unos personajes llenos de personalidad que van evolucionando a medida que leemos. Un excelente trabajo por parte de un autor apenas conocido y que merecer la pena observar sus futuros trabajos.

Mi valoración personal es de un 5 sobre 5. Excelente y recomiendo.



AUTOR:

Victor Navajo: Lector y escritor pertinaz desde los catorce años, Víctor Navajo ha sido por orden cronológico: agricultor, granjero, dependiente de una tienda de ultramarinos, camarero, operador de tricotosas, recortador de repuestos de goma, cabo escribiente del Ejército del Aire, cadete de la Academia General de Aviación, teniente profesor de vuelo en la Base Aérea de Matacán, miembro del equipo español de acrobacia aérea en los campeonatos del mundo de Moscú, capitán del Ejército del Aire, director de una fábrica de muebles, piloto de líneas aéreas, director y propietario de un colegio, ejecutivo de una compañía de video promocional, instructor de DC-8, instructor de DC-10, instructor y Jefe de Flota de DC-9, titulado en Gestión Empresarial, inventor (dos patentes), promotor de viviendas, propietario de una librería, cogerente de una empresa de vinos y fotógrafo digital diplomado. La hija del fotógrafo es su primera novela no destruida.








miércoles, 13 de junio de 2018

Reseña La torre






La Torre
Daniel O'Malley
Traducción Manuel de los Reyes
Editorial Nocturna Link
600 páginas
18 euros








Resumen:

     «El cuerpo que llevas puesto era mío».

     Así comienza la carta que Myfanwy Thomas tiene en las manos cuando despierta en un parque de Londres sin ningún recuerdo de su identidad y rodeada de cadáveres.

     Las instrucciones que le ha dejado su antiguo yo la conducen hasta una agencia secreta al servicio de Su Majestad para la que supuestamente trabaja con el alias de «la Torre» investigando casos «peculiares»; por ejemplo, gente que se cuela en sueños ajenos, niños letales o personas que poseen varios cuerpos y que pueden suponer una amenaza sobrenatural para el Reino Unido. Para colmo, pronto descubre otra amenaza inesperada: hay un topo en la organización que la quiere muerta. Pero ¿cómo detectar al traidor entre un montón de nuevos compañeros a los que podría decirse que ha olvidado?


Opinión:



   Cuando la editorial Nocturna publicó este libro me entraron unas ganas tremendas de comprarlo, porque la premisa parecía la mar de intrigante. Siendo el primer trabajo del autor siempre te arriesgas a no saber lo que vas a encontrar porque no conoces aún su estilo, su forma de redactar la historia.  Ya puedo decir que ha sido un libro que no me ha decepcionado y del cual he disfrutado un montón.   

     Participé en un concurso donde sorteaban el libro y me tocó pero lo hubiera comprado igual, de echo a punto estuve de hacerlo unos días antes de que me tocara porque ya ni me acordaba de que había participado.

     La historia empieza así.....

     "Querida tú:
     El cuerpo que llevas puesto era mío. La cicatriz que tienes en la cara interior del  muslo izquierdo está ahí porque me caí de un árbol y me empalé la pierna con nueve años. El empaste de ese diente al fondo del maxilar superior izquierdo es el resultado de haberme pasado cuatro años ir al dentista. Pero lo más probable es que e pasado de este cuerpo te importe muy poco. Al fin y al cabo, si estoy escribiéndote esta carta es para que la leas en el futuro."



     Y con estas frases el autor nos crea una intriga que te insta a seguir leyendo porque sólo con este simple párrafo ya estás enganchada al libro de forma irremediable. ¿Y cuantas veces pasa eso? A mi muy pocas, la verdad, porque hay veces que cuesta coger el ritmo de la lectura, sin embargo aquí ha ido todo rodado. Si que es cierto que hay algún pasaje que se me ha hecho un poco más espeso, porque explica la historia de la organización en la que está trabajando la protagonista, pero enseguida le coges el ritmo y no puedes parar de leer.

     Con una prosa ágil y llena de matices el autor nos ha querido meter dentro de una organización que lucha para que el mal no impere en el mundo, luchando contra seres sobrenaturales y fuerzas más allá de lo inimaginable. El autor nos explica muy bien de donde viene la organización Checquy, las personas que la llevan y como surgió la idea de crear una fuerza a las amenazas sobrenaturales,por lo que la historia tiene unos buenos cimientos y no se tambalea en su estructura.

   El libro está dividido en diversos momentos del tiempo de la protagonista, en la que hay partes que ella misma habla en primera persona y otras trata el presente,por lo que el peso entero de la historia lo lleva La Torre Thomas.

   Me gustan los personajes, me gusta el estilo de prosa y doy gracias al traductor por ello también porque creo que ellos ponen una parte personal en sus trabajos, y me gusta mucho el hilvanado de la historia con acción, momentos grotescos e intriga. Un trabajo excelente hasta la última de sus páginas.

     Mi valoración personal es de un 5 sobre 5. Recomiendo.




Autor:

     Daniel O'Malley se graduó por partida doble en los estados de Michigan y Ohio antes de regresar a Australia, el hogar de su infancia. En la actualidad trabaja para el gobierno australiano, en calidad de enlace con los medios de comunicación dentro de la agencia encargada de investigar los accidentes de tráfico.

Su primera novela, La torre, se ha traducido a más de una docena de idiomas y va a ser adaptada a la televisión.



 Book Trailer del libro: link

   


domingo, 10 de junio de 2018

Reseña El escuadrón cinco






El escuadrón cinco contra la terrible orden de los Thelemitas
Paulo César Ramírez Villaseñor
Ediciones Wave Books
172 páginas
9,02 euros tapa blanda Amazon
2,30 euros ebook Amazon Lektu








Resumen:

     En el marco de la Primera Guerra Mundial, una gran amenaza se eleva entre las sombras. Una misteriosa orden secreta y liderada por un temible ocultista, avanza en silencio mientras las naciones combaten entre sí. Rasputín, Lawrence de Arabia, Mata Hari, Patton y el mismísimo Pacho Villa, conforman El Escuadrón Cinco, que se enfrentará a la secta que dirigie el hombre más diabólico del mundo: Alesteir Crowley. Trepidante y mortal, embárcate en la aventura junto al Escuadrón, pues el ambiente nunca antes fue tan peligroso. Ponte tu máscara, te protegerá, pero recuerda que también ocultará quién está tras ella... «Wave Green no deja de crecer, y lo hace de la mano de Paulo César con una historia trepidante y mortal en el marco de una guerra que parece no tener fin, en la cual El Escuadrón Cinco podría ser la única salvación de la humanidad...»

Opinión:

       Hoy le toca el turno a un libro de lo más curioso que me ha hecho recapacitar a la hora de si se deberían de mezclar personajes históricos, a cual más dispar, a la hora de formar un grupo para luchar contra el mal, o por el contrario es una muy mala idea hacerlo.



     "La carta sobre el escritorio de caoba en la oficina del Primer Lord de Almirantazgo, contenía órdenes muy claras. El fracaso en el desembarco de la Campaña de los Dardanelos era una realidad y la exigencia por parte del nuevo Primer Ministro, David Lloyd George, para que dimitiera de sus funciones, no se había hecho esperar."
    
   
     El autor nos ha mezclado unos personajes muy conocidos en la historia de la  humanidad y creo que es muy valiente de su parte atreverse a hacerlo porque es complicado dar con una fórmula que los ajuste entre ellos para formar un equipo creíble.  No es la primera vez que veo algo así pero siempre lo había visto en las pelis o series, en un libro no y me ha chocado bastante.
 
     La palabra escuadrón es potente y le pega bien al grupo porque cada uno de sus componentes ya de por sí lo son.
   
     Los personajes:

     Patton (1885-1945) General del ejército de los EEUU durante la Segunda Guerra Mundial.
     Lawrence (1888-1935) Arqueólogo y escritor británico y oficial del ejército británico
     Rasputin ( 1869-1916) místico ruso que influenció mucho a la dinastía Romanov
     Mata Hari (1876-1917) bailarina, cortesana y espía holandesa.
     Pancho Villa (1878-1923) Uno de los jefes de la revolución mexicana


     El principio está muy bien porque te va adentrando en cada uno de los personajes, como son ellos  y la forma en la que van a parar al escuadrón pero me ha descolocado bastante a medida que nos adentramos en la historia porque no acabo de ver que este grupo de personajes pueda ser capaz de formar un equipo creíble. Aplaudo al escritor por formar un equipo tan dispar  pero no me acababa de convencer hasta que he pensado en esos equipos de superheroes que cada uno es de lo más distinto al resto y aún así esa fórmula funciona, porque luchan por un bien mayor y eso ya es suficiente para unirlos.

      No es un tipo de lectura que me guste mucho y me ha costado un poco seguirla, aun así he imaginado las batallas en mi cabeza a la hora de leerlas y he pensado que quedaría bien como  película de aventuras. Es una historia entretenida y llena de escenas de acción.

     La prosa es correcta y es ágil de leer, no se hace pesada y va directa hacia lo que quiere contar.

     Mi valoración personal es de un 3 sobre 5.

 

   
   
     Paulo César Ramírez Villaseñor


Autor y antólogo mexicano, radicado en Tonalá, Jalisco, aficionado a los cómics, los juegos de rol, la historia y la ficción especulativa en general. Estudioso de diversas mitologías y religiones, toda esa mezcla lo llevó finalmente a enfocarse a las letras. Fue fundador y Director General de la revista digital El Investigador, especializada en retrofuturismos y en la cual escribió diversos artículos. Produjo, fue locutor y realizó los guiones para “Radio MetronomiK” el primer podcast del género Dieselpunk.

Como autor, ha escrito varios relatos que han sido publicados en distintas antologías, incluyendo una traducción al inglés de su cuento "5 de Mayo" en “The Best of Spanish Steampunk” de Ediciones Nevsky.

En 2014 publica “Reward” su primera novela, que pertenece al weird west, siendo la mezcla de géneros alrededor de la Historia Alternativa, una de las áreas favoritas del autor con la que gusta desenvolverse en sus historias.

Como antólogo, ha coordinado la serie "Ácronos, Antología Steampunk Volúmenes 1, 2, 3 y 4" junto al autor español Josué Ramos. Así como la antología bilingüe "Steampunk Writers Around The World Vol.1" publicada en Escocia, la cual obtuvo tres relatos nominados a los BSFA Awards, los premios de la Asociación Británica de Ciencia Ficción

miércoles, 6 de junio de 2018

Relato: Tarvos (Part. 2)


Golpeé con todas mis fuerzas la cabeza del ser y mientras los tentáculos serpenteaban vi horrorizado que un tentáculo más pequeño sobresalía por uno de los orificios de la nariz. Noté el crujir de su cabeza contra la barra y se abrió un boquete que desperdigó todos los sesos por su pelo negro y lleno de grasa. El hombre se quedó parado por un segundo al igual que el pulpo que tenía metido en la boca pero volvieron a moverse, como si no hubiera pasado nada. Me alejé de él y mi estómago comenzó a revolverse, vomité todo el desayuno sobre el ser el cual había aprovechado para acercase de nuevo a mi y me agarró con ambas manos el cuello con tanta fuerza que pensé que me iba a explotar toda la cabeza.
Intenté gritar, pedir auxilio con la esperanza de que mi padre o mi tío aparecieran y me salvaran de aquella horrible pesadilla pero fue imposible que mi garganta emitiera sonido alguno. Noté entonces que comenzaba a faltarme el aire. ¿Iba a morir así, solo y sin nadie que me ayudara a sobrellevar mi paso al otro mundo? Forcejeé para tratar de escaparme pero era imposible, me tenía demasiado agarrado.
- Tadao- gritó una voz en mi oreja. - ¡Lucha!
La voz de mi padre estaba sonando en mi cabeza. Debía de estar ayudándome desde la tierra de los muertos para que fuese fuerte y llegara hasta él. Volví a forcejear con todas las fuerzas que me quedaban, agarrando al monstruo para tratar de zafarme pero sólo podía tocarme los brazos. Le arañé y pataleé pero fue inútil, noté entonces que me comenzaba a nublar la vista, en cualquier momento perdería la conciencia y moriría.
- Lo siento padre- pensé mientras dejaba de luchar. Me desmayé.

Cuando volví a abrir los ojos me encontré de lleno con la cara de mi tío. Fruncí el ceño sin acabar de creer que mi tío estuviera delante de mi, sonriendo.
- Tadao, me alegro de que despiertes al fin.
- ¿Qué ha pasado?- exclamé mientras trataba de incorporarme. Me dolía horrores la cabeza.
- No te muevas y descansa.
- ¿Dónde está ese ser?
- Te has dado un golpe muy fuerte en la cabeza y pensamos que habías muerto junto al resto de cuerpo de ingenieros. Te descubrió la nave cuando se volvió a sellar el compartimiento. Tenías unas constantes muy bajas y te trasladamos aquí de inmediato.
- ¿Mi padre?
- Lo siento- por su cara supe que mi padre estaba muerto.
- Tuve un sueño de lo más extraño.- comencé a decir mientras me miraba una de las manos para ver que todo era real. Traté de moverla pero no me obedeció, la tenía agarrada en la camilla. Miré la otra y también estaba igual, lo mismo con mis pies. - ¿Porqué estoy sujeto?
Mi tío abrió la boca y comenzaron a salir viscosos tentáculos que se acercaron hasta mi rostro. Traté de apartarme pero no pude. Y de esos tentáculos apareció una boca repleta de dientes verdes afilados que babeaban hambrientos. Se acercaron hasta mi y noté crujir mi propia nariz y la sangre que resbalaba por mi rostro. Volví a notar que me desmayaba de nuevo pero antes de desmayarme escuché el grito de mi padre tras la bestia.
Desperté confundido y me incorporé. Mirando a mi alrededor me di cuenta de que volvía a estar solo, otra vez sobre la camilla de la enfermería. No estaba atado y un alivio inundó todo mi cuerpo pero seguía sin acabar de comprender. Una serie de cables iba desde mi cabeza hasta un panel de la sala. Me toqué la cabeza y noté que me la cubría un casco y entonces recordé que la bestia me había arrancado la nariz de un mordisco. Temiendo no encontrarla acerqué mis temblorosas manos hasta la cara. Cuando la punta de mis dedos tocaron mi nariz sentí un alivio inmenso. Estaba intacta. ¿Había sido todo un sueño? Era la única explicación porque sino mi nariz tendría que seguir en el estómago de la bestia y yo tener un vacío en mi rostro. Pero mi camiseta estaba manchada de sangre y eso me indicaba de que no había sido producto de mi imaginación.
- ¿Hola?- dije con la esperanza de ver aparecer a alguien de la tripulación por la puerta. Me quité el casco y lo dejé a un lado. Seguía sin aparecer nadie. Ni la tripulación restante, ni mi atacante. Pensé por un momento que era un alivio porque volver a ver aquel ser no me apetecía, mucho pero de nuevo me sentí solo. No me gustó. Me levanté con las piernas temblando y caminé hasta la puerta de la entrada. Intenté abrirla con el comando de voz pero se negó a obedecerme así que accioné el botón de abrir el panel que se hallaba a mi derecha y la puerta cedió sin problema alguno. Angustiado ante lo que pudiera encontrarme al otro lado traspasé las puertas con cautela y vi que el pasillo que unía la bodega de carga y las escaleras para bajar a la planta de abajo estaba vacío. Al menos las luces estaban bien, ni parpadeaban como el una vieja película de miedo.
Comencé a caminar otra vez en dirección a la sala de control mirando hacia todos lados como un loco y con el corazón a mil, creía que alguien saltaría sobre mi e intentaría engullirme. Un pitido de alarma se comenzó a escuchar por toda la nave, sonaba como una advertencia de proximidad. Alguna nave se estaba acercando a la Tarvos. Corrí todo lo que pude hasta la sala principal y allí vi a mi tío mirando la pantalla en una de las consolas de pie.
- ¡Tío!- grité aliviado.
- Tadao, me alegro de que estés despierto ya. Y la nariz te ha quedado perfecta. Ayúdame con ésto- no sonrió sino que me indicó que me posicionara en la silla de Benson. Obedecí y accioné la pantalla de la consola secundaria.- parece que nuestros amigos quieren más caña.
- ¿Qué ha pasado?
- El ataque a la nave proviene de Arette, una nave de guerra de Alaçian. Te hablé de él.- dijo sin mirarme.
- ¿Al que le ganaste Tarvos?
- Exacto. Quiere acabar con toda mi tripulación. Nos está intentando teletransportar uno a uno a su nave para hacernos prisioneros. Sólo quedamos tú y yo. Es la segunda nave que viene, la Elian lleva una hora asediándonos.
- ¿Qué puedo hacer para ayudarte?
- Intenta acceder al armamento. Arette nos ha intentado colapsar todas las armas enviando aquí a un hombre espía. Es el que intentó matarte hace unas horas.
- ¿El de los tentáculos?- mi tío me miró extrañado pero no dijo nada.
- Necesito que pulses la clave de acceso para accionar los misiles de corto alcance.
- ¿Yo?
- Desde aquí no puedo accionarlos yo, estoy controlado el campo que evita que encuentren una brecha para colarse dentro de la nave.
- ¿Pero yo no se la clave de acceso?
- Es la misma que pulsaste para que no se abriera la puerta en la bodega de carga.
¿Me había estado siguiendo los pasos? Accioné los números que me pedía y noté como toda la nave vibraba ante un disparo en los escudos de proa. Un estallido en estribor provocó que se desestabilizara la nave. Estaban disparando desde varios flancos. Miré la pantalla y asustado vi que los escudos estaban al uno por ciento.
- ¡Los escudos!- grité alarmado.
- Lo se, lo se. Pasa toda la energía a los escudos de proa y estribor. Intentaré conseguir un poco de tiempo.
- ¿Tiempo? ¿Para qué?- no entendía las palabras de mi tío.- ¿Nos atacan solo porque perdiste la nave?
- No seas bobo chaval. Nos asedian por la carga.
- Pero si las cajas están vacías.
- Eso es lo que parece. Tienen un escudo que los hace invisibles.
- ¿Pero el qué?
En ese preciso momento noté como mis ojos veían miles de estrellas titilantes y desaparecía la sala de control ante mi. En menos de dos segundos aparecí en un bosque. Mi tío me había teletransportado a un planeta. Miré a mi alrededor y vi que todos los contenedores de carga estaban a mi lado.
- Mierda- exclamé sin ver a mi tío por ningún sitio. Alcé la vista y vi una pequeña explosión en el cielo. Era la Tarvos con mi tío a bordo.- ¡ Nooooooooooooo!
Caí de rodillas sobre la hierba húmeda y lloré de forma descontrolada. Estaban todos muertos y todo por aquella malditas cajas vacías. No podía ser cierto. Me encontraba en un planeta lleno de una naturaleza exuberante, un aire puro se colaba por mis pulmones provocando que se expandieran como hacía mucho que no lo hacían. Toqué el suelo y agarré un puñado de tierra mezclada con hierba y sentí unas ganas inmensas de besarla. Hacía años que estaba encerrado en aquel carguero y apenas había visto la naturaleza en su esplendor. Tuve sentimientos encontrados y perturbado escuché un ruido que provenía de los contenedores.
- ¿Hola?- dijo una voz a mi espalda. Me di la vuelta asustado y cual fue mi sorpresa que ante mi se encontraba una chica con la cabeza rapada y los ojos azules más bonitos que hubiera visto. Estaba dentro de la caja, una que había abierto y que probablemente había sido yo horas antes al tratar de hallar respuestas. Me levanté y me acerqué hasta ella.
- ¿Quien eres?
- Somos la raza haldan y teníamos que ser transportados a la Luna de Perian por un tal Liven a bordo de la Tarvos. Huimos de Alaçian. Somos los últimos de mi especie y nos tenía encerrados para vendernos al mejor postor.
- Pero si en las cajas no había nada- dije sin comprender.
- Nuestros cuerpos crean un campo de camuflaje cuando se creen en peligro. Uno de los nuestros salió de los contenedores cuando el sistema de transportación comenzó a fallar.
- ¿El hombre con tentáculos?
- Tenía hambre.
No entendía nada. ¿ Aquel ser había sido uno de ellos? No se parecía en nada a ella.
Todos los contenedores se fueron abriendo y apareciendo hombres, hombres y niños. Salieron algo aturdidos mirando a su alrededor.
- Y seguimos teniendo hambre- exclamó una mujer mayor acercándose a él mirándome sonriente. Yo di unos pasos atrás porque no me parecía que me mirara con buenos ojos ¿o si?
- Alto- exclamó la chica que había hablado en primer lugar. La mujer le obedeció a regañadientes.- éste es para mi.
La joven se acercó y vi como unos tentáculos salían de su boca y se abalanzaban sobre mi mientras pensaba en el sacrifico de mi familia por salvar una raza de crueles seres. Agaché la cabeza asustado y vi que sus pies estaban echos de tierra que parecían querer fundirse con el suelo, como si el planeta quisiera reclamar a aquel ser, como si formara parte de él.
Y así fue como morí, un día de primavera en un planeta desconocido y a manos de unos seres extraños. ¿Porqué pensé que era primavera? Porque cuando mi cabeza cayó sobre la hierba lo último que vieron mis ojos fueron una exuberante pradera llena de flores nuevas y radiantes,y mi padre me había contando que así eran las primaveras en la tierra antes del Gran Desastre.

















Relato: Tarvos. (Part 1)


      Aquí va el relato que presenté a los Premios Ripley y además mi primera incursión en la ciencia ficción escrita, así que espero que no os asustéis mucho. El relato son 12 páginas y para que no se haga demasiado pesado de una sentada lo dividiré en dos partes. Aquí tenéis la primera parte. En unos días colgaré la segunda. Acepto críticas constructivas. ;)
   
                                                                   TARVOS

      Desde la posición en la que me encontraba no podía ver bien como arreglaban el problema del gran salto espacial que la nave había ejecutado si previo aviso,  hacia pocos minutos. Me había tenido que refugiar de la furia de las máquinas mientras los ingenieros calibraban la configuración de los motores de plasma. Un humo oscuro inundaba parte de la sala  y apenas podía ver bien. Mi padre había decidido que era mejor que su hijo estuviera fuera del alcance de los motores porque era muy peligroso mientras él ayudaba a los ingenieros a controlar el escape. No era justo así que cuando no llevaba más de cinco minutos agazapado tras unas planchas de metal me levanté para contravenir las ordenes paternas, pero fue en ese momento cuando sentí vibrar todo el suelo del compartimento, y una gran explosión retumbó en mi oídos y me echó para atrás aplastando mi espalda contra el panel de metal. Asomé la cabeza para ver de qué se trataba y vi que, donde hasta hacia un momento estaba mi padre, ahora había un agujero enorme que comenzaba a succionar todo el aire a su alrededor. Me agarré a un saliente de la pared para no salir volando hacia la nada del espacio. Pensé que ese sería mi fin y que sería arrastrado, como al resto del cuerpo de ingenieros. Noté como mis piernas y el resto de mis extremidades flotaban queriendo escapar hacia el vacío. Por suerte para mí las medidas de seguridad de la nave aún funcionaban y el protocolo de sellado creó un campo de contención y caí al suelo de golpe, con tan mala suerte que mi cabeza rebotó contra el suelo y me desmayé.
Desperté una hora después en el mismo sitio en el que me había desmayado. Me puse de pie algo desorientado y noté un intenso dolor de cabeza. Seguramente tenía algún tipo de conmoción pero no podía quedarme allí plantando, tenía que correr hacia el puesto de mando del carguero para ver qué había pasado. Subí la trampilla por la que se accedía a la planta superior y corrí hasta allí pero nada más entrar en la cabina de mando me quedé parado. El lugar estaba desierto, no había nadie. Allí debían de estar Stieg, Benson, Karl y Liven mi tío, pero no había rastro de ninguno de ellos. ¿Dónde demonios estaban? Me acerqué hasta el panel secundario y tecleé el acceso de mi padre para ver donde estaban las señales de vida de la nave. Me había dado su código por si surgía alguna emergencia. No tenía acceso a las partes principales de la nave y también sabía que estaba prohibido dar códigos a otras personas pero mi padre confiaba en mi y sabía que no los iba a usar si no era una situación de vida o muerte.
Tras poner los códigos accioné la opción de signos de vida y el ordenador rastreó la nave para interceptar a la tripulación, pero la pantalla no encontró rastro alguno. Pensé que la máquina se estaba equivocando y volví a formularle la misma petición, pero me dio el mismo resultado: O formas de vida humanas en la nave. Aquello era de locos ¿dónde diantres se habían metido todos? Cambié el radio de ampliación de búsqueda a unos cuantos kilómetros a la redonda y el ordenador volvió a contestar lo mismo. Debía de ser una maldita broma. Decidí cambiar de terminal y me fui al panel principal con las mismas peticiones, pero me siguió contestando igual.
Miré hacia la ventana principal del carguero y lo único que se veía era inmensidad del espacio, lleno de motas minúsculas de estrellas lejanas desconocidas. Debíamos de estar cerca de la posición inicial antes de la explosión de la zona de ingeniería, porque apenas habíamos saltado cinco segundos pero el ordenador marcaba que no. ¿Nos habíamos podido desplazar tanto en tan poco tiempo? Sabía que existían los motores secundarios que daban más potencia a los saltos espaciales pero en cincos segundos poco espacio debíamos de haber hecho. En aquella sección del espacio estábamos rodeados de planetas y no hubieran tenido problemas en caso de fallos, pero allí no había nada. La cosa no cuadraba. Le pregunté a la nave donde nos encontrábamos.
- ZONA TRES, SECTOR VEC
¿Zona tres, Sector Vec? Pensé que el ordenador también se encontraba estropeado. Aquel sector no existía en las cartas estelares, no era posible. Era la primera vez que escuchaba la denominación de un Sector como Vec. La cabeza comenzó a darme vueltas y caí al suelo mareado. Todo aquello debía de ser una broma, no era posible. Seguro que estaba tumbado en su cama soñando.
Me seguía doliendo la cabeza pero algo menos. Pensé entonces que quizás el ordenador estaba estropeado y que el panel de signos de vida se equivocaba. Decidí inspeccionar la nave por mi mismo. La nave Tarvos no era excesivamente grande pero sí lo suficiente como para tener que estar más de una hora de rastreo manual.
Tarvos pertenecía a mi tío Stieg ganada de forma limpia, eso es lo que él aseguraba, en una carrera de stekers, en la ciudad de Rein situada en la Luna Colonizada. El infeliz y anterior dueño de la Tarvos era un pretencioso jugador llamado Alaçian que creía segura la apuesta. Después de salir de Rein con la nave nueva mi tío comenzó a recibir encargos transportando de un planeta a otro material dado que tenía una buena bodega. Su vieja nave con la que apenas ganaba para subsistir acabó en la chatarrería orbital de Delox por la que le dieron apenas unos míseros lixes.
Agarré una de las linternas que se encontraban colgadas en uno de los paneles de la pared. Mis nervios estaban algo alterados y me estaba algo conmocionado por ver salir despedido a mi padre y a los otros dos ingenieros por el agujero. Pero no podía llorar en aquel momento, necesitaba saber donde estaba el resto de la tripulación antes de venirme abajo.
Caminé a toda prisa. Primero pasé por las primeras cinco cubículos de la planta de abajo de la nave pero en ninguna de ellas había signos de vida. Cuando subí por las escaleras me di cuenta de que la primera planta estaba a oscuras. Las luces de emergencia no se habían encendido bien y el incesante y anaranjado parpadeo no daba una buena visibilidad en el camino. Encendí mi linterna y un potente rayo alumbró el pasillo, aliviado por no encontrarme de cara con algún extraño ser comencé a caminar en dirección a las otras cinco estancias privadas, una de ellas era la que compartía con mi padre. Había oído tantas historias de criaturas aliénigenas con mil tentáculos que mataban a humanos que pensé que encontraría algún ser extraño que había acabado con la tripulación. Un ruido hizo que se me erizaran los pelos de la nuca, y giré en redondo asustado. Parecían pasos que se acercaban. Mi padre me había asegurado de que las naves viejas como aquella tenían a emitir extraños ruidos que provenían de las máquinas de aire y que parecían gente que se arrastraba por el suelo. Y eso era precisamente a lo que sonaba.
- ¡Joder! ¿Hay alguien por aquí? - grité algo asustado pero nadie me contestó. El ruido de pies arrastrándose se seguía escuchando.
Mi primer impulso fue salir de allí corriendo y poner más distancia entre el ruido y yo. Me reí de mi mismo cuando llegué hasta la bodega de carga y me dije que era un cobarde. Abrí la puerta con la clave de acceso y entré dentro del compartimento. La carga seguía allí: 180 cajas de madera selladas y preparadas para entregar a su destinatario. Me acerqué y toqué una de las cajas para cerciorarme de que estaban bien cerradas y en ese momento por el rabillo del ojo me di cuenta de que una de ellas estaba abierta. Corrí hasta donde estaba la caja abierta y miré en su interior. Estaba vacía a excepción de un puñado de tierra en el fondo No tenía ni idea de lo que transportábamos, mi tío no me lo había dicho, sólo sabía que iban dirigidas a un poderoso dignatario del Sector Beta pero tampoco sabía su nombre. Cogí una ganzúa y abrí otra de las cajas para ver de qué se trataba aquel preciado cargamento que parecían haber robado. Cual fue mi sorpresa que dentro de la otra caja sólo había una poca tierra removida ¿Cómo era posible? Yo había ayudado a transportar las cajas dentro del compartimiento y sabía que pesaban bastante, y no obstante estaba también vacía. Sorprendido me acerqué a varias cajas más pero todas estaba igual. Los sellos de cerrado intactos pero sin nada dentro. Debía de ser una broma. Incrédulo me acerqué hasta el panel de control del compartimento y tecleé la clave pero el ordenador no me dio acceso, debía de ser otra clave distinta que mi padre no me había querido dar. Quizás se habían llevado la carga mediante transportación pero sin tener una clave de acceso de los contenedores no era posible dado que tenían un sellado Steinder que inhabilitaba la transportación instantánea. Frustrado por la poca información de mi familia volví a escuchar unos pasos que se acercaban hasta mi posición y asustado cerré la puerta de la bodega antes de que esa cosa que se acercaba pudiera hacerme nada. Mi padre no me tenía que haber contando cuentos tan horrendos cuando se venía arriba con el alcohol. Decía que las viejas historias de aventuras espaciales de la familia eran una buena charla para estar alerta en cualquier ocasión. El espacio podía ser una pesadilla si no tenías los cinco sentidos alerta en todo momento.
Me agaché hasta el suelo y me acurruqué como cuando mi padre se iba de la habitación tras contarme aquellas historias, arrebujado con mis piernas contra el pecho y temblando de miedo. Esperaba a que se fuera del cuarto y me hacía el valiente cuando las contaba pero luego me venía abajo. Y ahora los restos de él y los otros dos ingenieros estaban esparcidos por el vacío espacial. No volvería a contarme nada, no podría oír su voz de nuevo. ¿Y mi tío y el resto donde estaban? Intenté levantarme pero mis piernas se negaron a obedecerme. Y así estuve, lo que creí que fueron horas, llorando a moco tendido y tiritando por verme solo en aquella inmensa nave. Me había quedado paralizado. Tenía quince años pero me sentí como si tuviera cinco y siguiera en la Tierra antes del Gran Desastre, en aquella pequeña habitación llena de decoración estelar y con el sueño de ir algún día al espacio, junto a mi tío, su hermano y una valiente tripulación que trabajaba para ellos.
Un pitido hizo que dejara de llorar y me levantara del suelo como un resorte. Miré el panel y vi que la alarma de activación de la puerta al exterior estaba encendido. Si sonaba significaba que las puertas de la bodega de abrirían y estaría expuesto al espacio. Moriría de inmediato. Tenía que hacer algo y rápido pero la clave no funcionaba y aúna si volví a introducirla en el teclado.
- INCORRECTO- dijo el ordenador con una voz chirriante.
Me centré en que podrían ser unos números que no fueran al azar y que significaran algo para mi tío. De pronto sonaron unos golpes en la puerta, como si alguien la aporreara desde fuera.
- ¡Largo!- grité sin dejar de mirar el panel. Necesitaba concentrarme y la criatura horrenda que podía estar fuera tendría que esperar. Un problema tras otro, me dije intentando calmar mis nervios. La nave comenzó a dar bandazos, como si le estuvieran torpedeando. Debíamos de estar sitiados por alguna otra nave, aquello no me gustaba.
Los ruidos de los hidráulicos al iniciar el elevado de la puerta de la bodega comenzaron a sonar en mis oídos, como un mal próximo, una muerte que espera el momento para atacarte. Lenta, inhóspita y repleta de nada. Las manos me sudaban de tal forma que resbalaban en el teclado cada vez que intentaba una clave nueva. Mi cabeza estaba bloqueada y no había manera de que pensara con claridad, estaba visto que las situaciones de estrés no las llevaba muy bien. Pensé en la bronca de mi padre por ponerme nervioso en ese momento y como un grito lejano escuché su voz aleccionándome a que volviera a teclear aquella maldita consola.
- Mierda- grité desesperado. El ruido chirriante de las bobinas se tornó más insoportable y sentí que mi cabeza iba a explotar. Entonces me vino a la cabeza el número con el que mi tío había apostado a las carreras de stekers para conseguir Tarvos y me dije que no podía ser tan fácil. Tecleé los cuatro dígitos.
- ACCESO APROBADO- exclamó la voz. Aliviado entré en los controles de la puerta y activé la parada manual para detener la puerta y los chirridos dejaron de sonar en la cabeza. Por un momento sonreí pero entonces los golpes en la puerta siguieron sonando. Me había olvidado de extraño ser que podía aguardarme en el otro lado. Cogí una barra de metal que se encontraba apoyada en la pared y le di al botón de abrir puerta.
Pensé que los latidos de mi corazón iban a salir de mi pecho y contuve la respiración ante lo que pudiera depararme el destino ahora. Cuando la puerta se abrió me mostró a un hombre que debía de medir dos metros, desnudo de cintura para arriba y con la cabeza ladeada. De su boca salían cuatro tentáculos, como si se hubiera comido un pulpo vivo y se le hubiera atragantado en la garganta, tenía los ojos blancos y no parecía que miraran a ningún lado. Elevó las manos para moverse, como si se tratase de alguien que intenta ver por donde va. Mi primera reacción fue correr hacia el final de la bodega e intentar esquivarlo pero mi adrenalina estaba disparada a causa del problema con la puerta así que alcé el bastón y arremetí como un poseso hacia el deforme ser gritando como un loco. A causa de la tensión mis ojos estaban lagrimeando y dejaron una estela de brillantes gotas tras de mi lo que provocó que mi visión de viera empañada por el agua salada de mis lágrimas.