jueves, 14 de diciembre de 2017

El geko de piedra 10

   

     El profesor Zorba metió el azufre dentro de la probeta y tas coger un vaso de medir y poner 200 ml de agua dentro de él, lo vertió sobre la mezcla que acababa de crear. La reacción fue la esperada porque el contenedor de vidrio comenzó a salir espuma de color azul que mojó toda la mesa de pruebas.

- Eureka- exclamó emocionado. El resto de la poción que no había caído en la mesa la colocó dentro de la máquina y le dio al botón de reinicio.

- Cariño- escuchó el profesor desde el sótano. Era la voz de su mujer Ana, que le llamaba desde la planta de arriba- es hora de comer.

-Ya voy.

     Se quitó la bata blanca de trabajo y después de lavarse la manos subió hasta el piso de arriba donde su mujer le estaba esperando con la mesa ya preparada y sus dos hijos sentados en ella.

- ¿Qué tal las pruebas?- quiso saber Eco, su hija de 12 años.

- Van mejor de lo que yo esperaba y creo que podremos usar la máquina esta misma noche o mañana.

- No tenemos mucho tiempo. Las irregularidades en el tiempo están empeorando por momentos y tus amigos de Antar Andranes- esto último lo dijo su mujer con un deje de escepticismo mientras le ponía unas salchichas humeantes en el plato- no parecen querer hacer nada. El segundo equipo ya ha comenzado su búsqueda por su primer sector esta mañana. Hay que detenerlos o desestabilizarán todo nuestro mundo. He mirado por la red y los incidentes van en aumento pero parece que todo el mundo le echa la culpa al tiempo que se ha vuelto loco. Tienes que darte prisa. Quirón también sabe que estamos preparando algo y pronto se darán cuenta de que hemos robado los archivos y encriptado los suyos. Y  cuando sepan que no he ido esta mañana a trabajar atarán cabos.

- Lo se, lo se. Quiero que preparéis el equipo para esta noche.- dijo mirando a su mujer mientras éstas le miraba expectante. Se había recogido el pelo rubio en un moño mal echo en la parte de arriba y unos mechones dorados le caían sobre la cara sonrosada. Zorba tenía que protegerlos y para eso debía de darse prisa. Sonrió a su  mujer.

- De acuerdo- exclamó Talos, su hijo de 17 años.

     Después de comerse lo del plato y coger un plátano de la nevera Zorba volvió a bajar hasta el subterráneo y prosiguió con las pruebas.
      Mientras el profesor seguía con su trabajo su mujer Lanka recogió los platos mientras le dijo a los chicos que hicieran una mochila con ropa básica, bolsas de comida preparada y que ajustaran un saco de dormir también por si acaso.
      Talos se metió en el cuarto y dio una patada al cojín que había caído al suelo durante la noche. Maldijo en alto y se tiró sobre la cama enfadado con sus padres. Sabía que no tenían la culpa de todo lo que estaba pasando, al menos de forma indirecta, pero hubiera prefiero ser como el resto del mundo, sin saber nada y seguir con sus vidas sin pensar que el mundo de va a ir a la mierda en breve. Se levantó suspirando y comenzó a hacer la mochila como le había dicho su madre. Debían de encontrar a los Moradores del desierto antes de que fuera demasiado tarde para ellos. Su padre los conocía porque había echo varias excursiones a su mundo y sabía que tenían una tecnología muy superior y podrían ayudarles a contrarrestar los efectos devastadores que estaban causando la multinacional Antar Andranes. Zorba les había dicho que les ayudarían pero Talos, según lo que había contando su padre, no estaba muy convencido de que fuera así. Según Zorba eran bastante celosos de su modo de vida y apenas consentían la introducción de otras personas fuera de su círculo. Que hubieran acogido a su padre un par de veces no significaba que le tuvieran la estima suficiente para ayudarle.
     Cuando terminó de arreglar la mochila se paró delante del espejo de su cuarto y se miró. Su melena rubia estaba tan alborotada que su amigo Tonian se hubiera reído de él y le habría dijo que parecía que había metido los dedos en un enchufe. Se restregó las legañas que aún le quedaban en sus ojos castaños y se puso la sudadera con capucha encima. Había comenzado a hacer frío por las mañanas y la calefacción de casa aún no se había encendido. Se puso las zapatillas negras altas de tela con el logotipo de Traiak y de pronto escuchó un ruido de ruedas que derrapaban en la calle. Se asomó por la ventana y vio a dos torronteros negros que irrumpían en el jardín de delante de la casa.
     Talos corrió con su mochila hasta el cuarto de Eco.

-Vienen- exclamó- vamos Eco

Eco asintió y agarrando también su mochila bajó las escaleras tras su hermano.

- Mamá, nos han descubierto- gritó Eco dándole a un botón que había en la pared, lo que accionó la alarma y cerró puertas y ventanas con doble protección.

- Vamos- dijo Lanka. Y comenzaron a bajar los escalones del subterráneo cerrando la puerta blindada.

     Zorba se giró asustado cuando escuchó como el mecanismo de cerrado de la puerta era accionado. Sin decirse nada el profesor accionó la palanca para activar la máquina y un pitido comenzó a sonar aumentando de volumen al pasar los segundos. Todos tuvieron que taparse los oídos por el molesto sonido y entonces el suelo comenzó a vibrar. Al principio suave pero también fue aumentando de intensidad y la casa chirrió de forma alarmante. Frente a la máquina comenzó a formarse un agujero con las pequeñas descargas de energia que salían del aparato. Zorba sabía que toda la zona se quedaría sin luz en cuestión de segundos porque la máquina necesitaba mucha energía para que funcionara, si es que lo hacía bien.
Unos golpes comenzaron a sonar en la puerta del subterráneo. La seguridad de la multinacional Andranes estaban intentando tirar la puerta abajo. Les costaría pero lo conseguirían.

- ¿Esto es un agujero espacio-temporal?- exclamó Eco que era la primera vez que presenciaba algo tan increíble.

- Si, cariño.- Lanka le agarró de la mano con fuerza y la miró a los ojos angustiada.

- papá pasó por un agujero igual cuando estuvo en Antar Andranes.

- Si

- ¿ Y no es peligroso?

- Un poco pero papá sabe calibrar bien las variables y conseguirá estabilizarlo para que podamos pasar y no nos sigan.

- ¿Y si no hay máquina al otro lado como podemos volver a crear otro agujero?- la mano de Eco temblaba entre las manos de su madre.

- Los Moradores tienen una tecnología muy superior a la nuestra y lo pueden hacer.
   
     Zorba cruzó su mirada con la de su mujer a la que había escuchando mientras le decía palabras tranquilizadoras a su hija y se dijo que su mujer tenía demasiada fe en él. Respiró hondo y se acercó hasta el generador de partículas ghion que se encontraba al otro lado del cuarto y lo activó. Un remolino comenzó a formarse en el agujero.

-¡Lanka, acciona la palanca superior del panel!- exclamó su marido. Lanka soltó la mano de su hija y se acercó hasta el panel principal. Cuando movió la palanca a mitad del recorrido un halo succionador agarró a Eco y Talos y los impulsó hacía el agujero, el cual se los tragó sin que les diera tiempo a gritar.

- Ve por ellos- gritó Zorba a su mujer- yo intentaré estabilizar la entrada de energía. Hay demasiada fuerza.

     Lanka se soltó de la palanca en el preciso momento en el que la puerta del sótano se derrumbaba y caía escaleras abajo. Uno de los hombres sacó una pistola y apuntó con ella a la máquina lo que provocó que el apartado de desestabilizara y cerrara el agujero dimensional de golpe, creando un gran ola de energía que hizo que parte de la cubierta del techo se desprendiera y comenzaran a caer cascotes que cayeron sobre Zorba.

- Nooooo- gritó Lanka corriendo hacia el agujero que la no era más que un pequeño aro.