martes, 5 de diciembre de 2017

El geko de piedra 9

     
Olivia se sentó mientras su madre se paseaba inquieta por la sala de estar. Fuera seguía lloviendo, pero parecía que arreciaba. Era la primera vez que veía a Leonor tan nerviosa y no vaticinaba nada bueno. Pero no entendía el motivo porque era un simple anillo de madera que se había quedado encajado en su dedo pudiera ponerla así. Su madre se acercó hasta el cuadro del geko y presionó una flor tallada que tenía el marco en el lado derecho, de inmediato se escuchó el ruido de un intrincado mecanismo interno y el cuadro se abrió de lado para mostrar un hueco vacío en la pared. Olivia miró sorprendida como su madre cogía un libro de dentro y se acercaba hasta ella para enseñárselo. La portada del libro tenía relieves geométricos que se entremezclaban entre ellos formando miles de círculos, en el centro del mismo una minúscula gema de color verde brillaba.


- Es el libro del Geko De Piedra.- exclamó su madre observando la reacción de Olivia.


Olivia lo abrió intrigada y se encontró con una extraña escritura que no conocía.

- No entiendo nada, mamá- dijo sin entender qué quería que viera entre tanto garabato

- Lo entenderás. Pero quiero que mires las últimas páginas- Olivia le dio la vuelta al libro y lo abrió desde el final. Tenía una fina caligrafía inclinada.

     Hola Olivia,
     Si estás leyendo esto quiere decir que has encontrado el anillo del geko y tu madre estará muy  enfadada, pero no de ti sino de mi.
     Estás a punto de embarcarte en algo que no esperabas y que Leonor tanto temía. El anillo forma parte de una tecnología muy superior a la conocida en este mundo. Se que has pensado que parecía magia cuando el anillo de ha enganchado de tal forma en tu dedo que no hay forma de que se pueda quitar. No es magia, ni mucho menos.No lo sigas intentando porque no podrás quitártelo. Ellos ya saben que se anillo ha vuelto a activar con lo cual querrán recuperarlo y para que ellos no te encuentren tienes que marcharte hacia las personas que ellos más temen y que te ayudarán a desactivarlo. Se que pensarás que es una maldición y que ha sido mala suerte el que encontraras el anillo, pero has de saber que el geko ha querido que lo encontraras por algún motivo que aún se escapa a tu entendimiento. Yo ya imaginé que te escogería y por eso he escrito estas palabras. Quiero desearte mucha suerte y no tengas miedo a los cambios, seguro que son para bien. 
   Cuando lo desees el anillo se activará por tu voluntad y te llevará hacía otro lugar. Ahora te has convertido en una viajera y tendrás que encontrar a los Domadores del Viento. Tu madre te seguirá explicando.
    Mucha fuerza, querida biznieta
   

  

Olivia levantó la cabeza del libro sin dar crédito a lo que acababa de leer. Su madre se había sentado frente a ella, expectante.

- ¿Domadores del Viento? ¿Tecnología superior a la nuestra? ¿De qué está hablando tu abuela? Es broma ¿verdad?- dijo mirando el anillo.

- Ojalá fuera broma, hija. Tendrás que hacer una mochila con ropa de recambio y algunos utensilios que te daré.

- ¿Mamá? No es posible que estés pensando que nos vamos a ir de viaje- Olivia se levantó se golpe y volvió a intentar quitarse en anillo del dedo, cosa que fue imposible.

- Claro que no, tienes que ir tu sola. A mi no me dejará pasar.- suspiró Leonor.

- ¿Que no te dejará pasar? No entiendo nada.- Olivia seguía mirando a su madre pensando que se había vuelto loca. ¿Tenía que irse de viaje? ¿dónde?

- Será mejor que comamos y así nos calmaremos un poco. Ven, vamos a la cocina. Creo que el estofado tiene que estar listo ya y además es mejor que comas algo caliente antes de partir.

    Olivia siguió a su madre dejando el libro de la abuela sobre los cojines bajo la ventana y la acompañó hasta la cocina. Ambas, en silencio, prepararon la mesa y su madre puso el cazo del estofado sobre una tabla también en la mesa. Su madre le debía unas cuantas explicaciones y pensó que no le gustaría lo que iba a decirle



- Por donde empiezo...- dijo Leonor- mis abuelos no vinieron exactamente de Inglaterra, sino de otro lugar más lejano, para ser exactos son nativos de un desierto llamado Eshedam, o desierto rojo.

- ¿Del desierto? ¿Y donde está ese desierto?

- Digamos que no está en la Tierra.- A Olivia se le cayó la cuchara del estofado en el plato lo que provocó que salpicara todo el caldo fuera del plato.

- Ya sabes que me gustan los libros de ciencia ficción así que sin bromas.- exclamó Olivia mientras limpiaba las salpicaduras con una servilleta de papel. Su madre le estaba tomando el pelo y ella estaba tan concentrada en la historia que quería escuchar desde hacía tanto tiempo que por un segundo creyó lo que le estaba diciendo.

     De repente sonó el timbre de la entrada y Leonor de levantó de la silla para abrir la puerta mientras Olivia se quedaba quieta en la mesa. Escuchó como la puerta de la entrada se abría y su madre hablaba con alguien pero no reconoció la voz, y de repente apareció en la puerta de la cocina su madre con Diego, el hijo del librero.

Olivia frunció el ceño preguntándose qué diantres hacía aquel chico allí.

- Viene a traernos un panfleto con las novedades que saldrán estos días en la libreria, por si nos interesa. Me ha dicho que tenía que hablar contigo.

- ¿Conmigo?- dijo Olivia mirando al chico.

- Id a la sala de estar, luego seguimos charlando.- Olivia asintió y se levantó de la mesa enfadada por la intromisión en plena conversación.

Diego siguió a Olivia y cuando llegaron hasta la sala el chico se quedó sin saber bien qué decir.

- ¿ Y bien? Fuiste tú el que me envió un mensaje al móvil ¿no?

- Si, fui yo. Toma- dijo dándole el panfleto de la librería. Olivia extendió también la mano y tocó el panfleto al mismo tiempo que uno de sus dedos rozaban los del chico, fue el momento en el que el anillo vibró y Olivia miró al geko sorprendida. Los ojos del geko brillaron y pareció que levantaba la cabeza mirándola, como si esperara a que ella diera el siguiente paso.

- ¡Mamá!- gritó Olivia asustada. Un remolino negro comenzó a formarse en el medio de la sala levantando un viento que se fue tornando cada vez más fuerte.Devil, que hasta ese momento ha había permanecido en una esquina adormilado, se levantó y  comenzó a ladrar de forma descontrolada. Leonor llegó a la puerta de la sala y miró la escena asustada. El momento que más temía al haber venido a Coralia se hacía realidad.

- Mierda- exclamó Leonor mientras corría en dirección al libro. El remolino cambió su forma y la bruma negra formó un gran círculo. Olivia se quedó hipnotizada viendo como el humo negro se movía sin control y el centro del mismo cambió y se convirtió en una pantalla plana negra. Leonor le acercó la piedra verde que había estado incrustada en el libro y se la dio cerrando sus manos sobre ella.

- Piensa en el desierto rojo- dijo Leonor mirándola a los ojos.

- ¿Pero sino he visto nunca ese desierto? ¿como puedo visualizarlo?- la negrura del remolino cambió y comenzó a formarse lo que parecía un paisaje verde  y Olivia sintió como su cuerpo se movía sin quererlo. Intentó agarrar a su madre pero ella le dio un abrazo y un beso, y la soltó.

- Cuídate. Y tranquila si no aciertas a la primera, seguro que podrás dominar los saltos- gritó mirando como Diego también era absorbido por el remolino. El muchacho intentó resistirse y se agarró a uno de los sillones para evitarlo pero el cuerpo de Devil chocó contra el suyo con tanta fuerza que se soltó y fue  arrastrado también. Los tres se vieron tragados por el remolino. Lo último que vio Olivia fue a su madre mientras lloraba en la sala de estar.