jueves, 16 de noviembre de 2017

El geko de piedra 8

     
Leonor subió escaleras arriba seguida de Devil y se metieron en la habitación donde había dormido la noche anterior. Era un cuarto grande, con una cama de metro veinte y un edredón beig de finas flores de distintos colores que enredaban sus tallos entre ellas formando graciosos arabescos. Un gran arcón de madera tallada se encontraba a los pies de la cama  y lo seguía una alfombra fina de color carmesí. Su madre nunca había sido amiga de las alfombras porque decía que no eran muy higiénicas. A Olivia le gustaba ir descalza por su cuarto pero en invierno los azulejos del piso eran muy fríos que por mucho que se pusiera calcetines gruesos siempre tenía los pies helados, le hubiera gustado tener una gran alfombra.Había insistido miles de veces a su madre para que cambiara de opinión, cosa que nunca consiguió. El cuarto tenía también un sillón que estaba junto a una ventana que daba a la parte de atrás de la casa y que tenía unas vistas magníficas hacia el mar. ¿Vendería su madre la casa? Era impresionante y también sabía que se pagaría una buena suma por ella pero ¿quien podía desprenderse de algo así? Era el refugio perfecto para un escritor que quisiera aislarse del mundo y para pasar unas buenas vacaciones también. Olivia miró por la ventana. Seguía lloviendo. Se acercó hasta la mesita de noche y cogió el móvil, le quitó el cargador y se sentó en la mullida cama. La pantalla principal tenía los iconos básicos, wassap, llamada, agenda, y para sorpresa de Olivia vio que tenía también Twitter. ¿Su abuela tenía Twitter? No podía ser. Le dio al icono del pájaro blanco sobre fondo azul y apareció su cuenta principal. Reconocí enseguida la foto de perfil: una concha marina sobre la arena.
- ¿Mi abuela era @Akha...? - Olivia conocía perfectamente esa cuenta porque había hablado muchas veces con ella. Era una de las cuentas de las que más cariño le tenía. ¿Todas las fotos que mandaba de la playa era de allí? Ahora sí que se había quedado sin palabras. Hacía más de cinco años que tenía cuenta en esa red social y la tenía como una adicción de la que había intentando deshacerse, sin éxito. Entendía ahora ciertas cosas que Akha le había contando, como los paseos por su playa particular, su perro,... ¡su perro! ¿Devil?
- Así que tu eres el perro de Akha- exclamó sorprendida. Acarició la cabeza de Devil aún sin acabar de creérselo.- siguió mirando un poco más el móvil aunque se sintió algo intrusa. Era algo personal y sabía que no debía de hacerlo. Dejó sobre la mesita el móvil de nuevo y decidió volver a bajar a la cocina para seguir ayudando a su madre. No le iba a contar nada del móvil ¿para qué? A su madre no le gustaban las redes sociales y usaba su móvil para llamar y poco más. Pero se quedó intrigada por saber quien le había dado la información de que su cuenta de Twitter era aquella, seguro que su abuela sabía que hablaba con su biznieta. ¡Cuánto le hubiera gustado conocer a su abuela en persona!
    El olor a estofado inundó toda la parte de abajo de la casa. Antes de entrar a la cocina escuchó como su madre tarareaba una canción y eso significaba que estaba a gusto cocinando. La encontró preparando una ensalada.
- ¿Te ayudo?- exclamó Olivia sonriendo.
- No hace falta, ya está casi todo listo. El estofado necesita tiempo para que se haga así que no hay nada más que podamos hacer. Ve, si quieres, a la sala de estar a leer un rato.
- Vale, mamá- Olivia hizo caso a su madre y se marchó al comedor. Allí era donde había dejado también su libro nuevo. Lo cogió y se colocó en los cojines bajo la ventana. Abrió su libro y comenzó a leer. Al poco rato de empezar sus páginas un pequeño ruido le hizo levantar la vista, parecía provenir de la estantería. Se levantó para acercarse al lugar donde venía el ruido pero no vio mas que libros. Acercó el oído, era un pitido suave y se percató de que había uno de los libros que estaba puesto al revés. Lo cogió para darle la vuelta, era Viaje al centro de la tierra de Julio Verne, y cuando lo fue a colocar de nuevo dándole la vuelta se dio cuenta de que en el fondo del hueco había un anillo. En cuanto tocó el anillo el ruido se paró, colocó el libro en su sitio, esta vez bien puesto y se acercó a la ventana para mirar con mayor detenimiento su descubrimiento.
     El anillo era negro y tenía forma de salamandra mordiéndose la cola. No sabía de qué material estaba echo, seguramente madera teñida porque apenas pesaba  y su superficie era áspera. Se lo colocó en el dedo anular pero el anillo era demasiado pequeño, justo antes de quitarse el anillo vibró y se deslizó solo a su dedo. Asustada Olivia intentó quitárselo pero el anillo no se movió, parecía que se había ajustado tanto que era imposible moverlo hacia fuera. Se fue corriendo hasta el lavabo que había en la parte de abajo y se echó jabón encima para intentar deslizarlo más fácil, pero por mucho que echó jabón el anillo seguía sin moverse apenas.
- ¡Mierda!- exclamó mientras seguía echándose jabón e intentaba moverlo hacia afuera.
- ¿Qué te pasa Olivia?- su  madre asomó la cabeza por la puerta del lavabo al escuchar las maldiciones que estaba gritando su hija.
- Me he encontrado ésto.- dijo mostrándole el anillo en el dedo
- Noooo- gritó su madre con cara de espanto al ver el anillo en el dedo de su hija. Se abalanzó hasta cogerle la mano a su hija para mirar más de cerca del anillo. .- mierda, mierda, mierda....
    Olivia se quedó helada al ver como su madre se asustaba ante la visión del anillo. Leonor intentó ayudar a quitarse el anillo pero fue imposible.
- ¿Qué pasa mamá?
- Está sellado. No se podrá mover hasta que....mierda, mierda.- gritó su madre.- ¿Porqué tenías que ponértelo? Ahora vendrán a reclamarte.