sábado, 11 de noviembre de 2017

El geko de piedra 7

     
Olivia salió de la librería junto a su madre. Llevaba sus dos adquisiciones nuevas, el libro y una bolsa con el logo de la librería de tela que apenas le había costado dinero. Estaba contenta pese a encontrarse en un lugar nuevo. Salieron de entre las casas blancas pintadas con cal y se acercaron hasta la balaustrada donde una buganvilia rosada se enredaba entre los barrotes forjados con bonitas filigranas.
- Me encanta este sitio, mamá. Es precioso
  La vista desde allí, que ya había visto Olivia antes de entrar a la tienda, era magnífica. Una parte pequeña del pueblo de hallaba sobre una colina que se adentraba en el mar, rodeada de grandes peñascos puntiagudos. En lo más empinado de la torre había un pequeño faro que se alzaba sobre los tejados de las casa y que por la noche evitaba que las embarcaciones se acercaran demasiado. Era la zona más antigua de Coralia. Olivia miró a su madre sin creer que pudiera haber dejado de venir a este sitio tan increíble.
- Lo se. Hace tanto tiempo que no vengo que me había olvidado de su belleza.
- ¿Porqué has tardado tanto en venir?- le intrigaba el echo de que Leonor no hubiera pisado aquel rincón tan especial de desde hacía tantos años, y que apenas mencionara a unos abuelos.
- Otro día te cuento la historia. No es el momento.- Olivia miró hacia la lontananza y pareció que se perdía en ella. Tenían que decirse algunas cosas pero su madre parecía reacia a enfrentarse a su pasado. ¿Tan terrible fueron los sucesos de su adolescencia que hicieron que no volviera a Coralia?. Quizás sería bueno que ella misma indagara en el pasado de su madre hablando con la gente del pueblo, pero claro, ella tampoco los conocía y no sabía si podría encontrar a la gente adecuada y además hacerse amigos de ellos para que le contaran según que cosas. Ella misma no era muy versada en  socializar así que era poco probable que sacara información de ese modo, pero ¿Y Pepa? Quizás era una buena opción.
    Olivia miró hacia el cielo donde unas nubes lejanas amenazaban tormenta que con el contraste del cielo azul y la playa parecían estar sacadas de una acuarela bien pincelada. Las pequeñas embarcaciones de vela que navegaban cerca de la playa representaban una de las fuentes de ingreso de los aldeanos. El turismo era una bendición para los que allí vivían que durante años se habían dedicado a la pesca pero que ahora era imposible competir con los grandes mercantes que se adentraban en el mar y pescaban toneladas de género. Era lo que le había contado Leonor a su hija. Olivia bajó la vista y vio como las sombrillas daban un toque de color sobre la gruesa arena de la playa y podían escucharse las voces de los niños gritando y riendo. No estaban a gran altura pero sí lo suficiente para apreciar en contorno de la costa y ver hasta donde acababa la playa.
Leonor abrazó a su hija por los hombros y suspiró.
- Vamos a comprar. Seguro que Pepa habrá abierto ya.
     Caminaron sin prisas, deleitándose con las vistas callejeras, unos geranios por allí, una tosca puerta de madera con bonitas dibujos forjados en hierro, más buganvillas decorando algunas fachadas, un abrevadero para caballos que ahora se usaba como fuente; por todos lados donde miraras encontrabas algo fascinante, al menos a ojos de Olivia.
Llegaron hasta el colmado de Pepa y la saludaron con un efusivo hola.
- ¡ Adelante!- les dijo saliendo del mostrador. No había nadie aún en la tienda. Era temprano. Muchos salían a comprar el pan a la tahona y aprovechaban para coger el periódico y volvían a casa a desayunar. Las compras en el colmado solían dejarlas para las doce del mediodía.. Al menos ese era el ritual de los lugareños, los turistas eran menos previsibles.
Pepa dio un un beso a cada una.
- ¿Qué tal la noche en Tokay?- dijo volviendo hasta la caja para seguir colocando una partida nueva de chicles.
- Silenciosa- exclamó Leonor mientras cogía un carrito con ruedas de la entrada.
     El teléfono sonó entonces y mientras Pepa atendía la llamada Leonor y Olivia entraron dentro de la tienda. Fue una compra algo más minuciosa que el día anterior. Era necesario que cogieran para abastecerse durante unos cuantos días y así no tener que volver tan pronto.
     Una vez terminado se acercaron hasta la caja, donde Pepa seguía hablando por teléfono, y esperaron en silencio. Olivia consultó entonces sus mensajes en el móvil y vio que le acababa de llegar uno de Sandra, con la palabra “nerviosa”. Olivia sonrió y tecleó “tila” junto a un emoticón de burla. Volvió a guardar en móvil en el mismo momento en el que Pepa colgaba el suyo.
     Pepa dejó el móvil debajo del mostrador y comenzó a pasar los productos por el escaner.
- ¿ No vas a ver a tu primo?
- ¿Primo?- exclamó Oliva sorprendida.
-Si, es el hijo del amigo del abuelo de Leonor. 
- ¿Cómo puede ser mi primo el hijo del amigo de mi abuelo?
- El amigo de tu abuelo se casó con la hermana de Blanca así que son medio primos
- Dejad las bolsas aquí un rato, yo pongo lo fresco en la nevera de atrás e id a verlos. Luego venid a recoger la compra.Con tanto turista el pub sirve ahora desayunos en la terraza así que seguro que está abierto ya. Hay que aprovechar que tenemos tanta gente por estas fechas. A los que vivimos aquí toda la vida nos molesta tanta gente por la calle pero nos aporta mucho beneficios así que nos aguantamos.
- Pues no es mala idea, si no te importa- Leonor le pasó la tarjeta de crédito y Pepa la pasó por el datáfono.
- En absoluto.
- Id a ver a Héctor, aunque no se si te reconocerá. Sigue llevando el pub de su padre junto a su hijo David.
    Leonor y Olivia salieron de la tienda y caminaron por las calles empedradas hasta llegar al pequeño puerto donde las embarcaciones amarradas se mecían suaves sobre la superficie del Mediterráneo.
- No sabía que tuvieras un primo- le dijo Olivia sorprendida.
- Medio primo.- sonrió Leonor.
- Mira, allí está el pub.
     Olivia vio la entrada al estilo inglés, con molduras de madera, y una gran cristalera. El cartel ponía “ El pub de Peter”. Tenía puestas mesas también de madera en el exterior con sillas de cojines verde oliva. Con un toldo superior y dos laterales para proteger a los clientes de los vientos repentinos y tan habituales de la zona. El toldo superior lo habían colocado porque la previsión del tiempo anunciaba lluvias. Tenía un aspecto bastante pulcro y elegante. Varias mesas estaban ya ocupadas por turistas madrugadores desayunando sin prisas mientras charlaban contemplado el puerto. Un pelirrojo camarero recogía los restos de otro desayuno en otra de las mesas sobre una bandeja y luego limpiaba la mesa con un paño amarillo.
Leonor se acercó hasta él.
- ¿David?- exclamó Leonor. No estaba segura de que fuera el hijo de Lucía.
- Hola, si, soy David- el camarero la miró.
- Veo que no te acuerdas de mi.
     David volvió a mirarla, pero en esta ocasión con otros ojos. Entonces cambió su rostro por el de sorpresa alzando las cejas sorprendido.
- ¿Leni?
- Si.- sonrió algo tímida.
El abrazo que se dieron fue tan efusivo que sorprendió a Olivia, que se mantenía alejada del encuentro.
- ¡¡No puede ser!! Pero ¿cuando?¿Dónde estás? Ostras, no me lo creo. Entra, entra- dijo David haciéndola pasar dentro del local.
- Rick, ¿puedes atender tu un momento? Voy dentro.
- Claro- dijo el chico que se encontraba detrás de la barra de madera oscura.
Se sentaron en una de las mesas del fondo, donde había papeles esparcidos encima. David hizo un amasijo con ellos y los apartó a un lado.
- ¿Pero cuando has llegado?- David le cogió las manos a Leonor para acariciarlas.
- Llegamos ayer.
- Esta debe de ser tu hija Olivia.
- Si.
- Que grande está, y se parece mucho a ti- David la miró con curiosidad y Olivia se percató de que tendría los mismos años que su madre. Tenía los ojos verdes y una cara que le recordó al actor Rupert Grint. Se dijo que no estaba mal para ser una persona mayor. Su barba de varios días le daba un aspecto atractivo y se imaginó a las turistas coquetear con él. Vestía el atuendo del local, un delantal negro con el emblema del pub en medio del pecho: un árbol plateado.
- Veo que has conseguido cambiar el logo del local- dijo Leonor sonriendo.
- Si, en la única condición que le pedí a mi padre para seguir con el negocio. Él sabía que hubiera seguido con él pero mi padre cedió.
- ¡ Es el árbol de Gondor!- exclamó entonces Olivia abriendo los ojos.
- Vaya, reconoces mi árbol- dijo David mirándola divertido.
- Me encanta El señor de los anillos.
- ¿Libros o películas?- la interrogó David.
- Libros, por supuesto.- sonrió
- Me alegro que tu madre te haya inculcado buena lectura. Y ahora explícame- dijo volviendo la vista a Leonor- ¿que te trae por aquí? Hace más de veinte años que no pisas Coralia.
     Leonor le explicó a la repentina herencia de Blanca y que se estaba pensando en vender Villa Tokay, lo que David le dijo sin tapujos que él estaría interesado en comprarla. David por su parte le habló de su padre y que no andaba muy fino pero todo lo demás seguía igual por aquel rincón del mundo. Al final quedaron para salir el sábado por la noche para charlas con más tranquilidad porque ahora empezaba a llegar mucha gente y habría mucho trabajo. Como su padre no estaba con ellos estarían bastante liados y tenían mucho que contarse. Leonor y Olivia se despidieron de él con dos besos. Los de Olivia fueron rápidos pero con Leonor la cosa fue distinta. En vez de besarla en la mejilla le dio un beso en todos los labios dejando a Olivia patidifusa pero sin que Leonor se sorprendiera lo más mínimo. Se le ocurrió que igual era normal que entre primos lejanos  se dieran besos tan efusivos pero no le dijo nada a su madre.
     Cuando salieron a la calle el cielo había comenzado a oscurecer. Olía a lluvia y ambas se apresuraron a coger las cosas en el colmado de Pepa y cargarlas al coche. Para cuando se subieron al vehículo la lluvia se había intensificado.
     Leonor condujo hasta Villa Tokay y allí descargaron todas la bolsas y corriendo llegaron empapadas hasta la casa.
    Después de cambiarse de ropa y calzado lo metieron todo en la lavadora junto con la ropa del día anterior y la enchufaron. Colocaron toda la compra en su sitio y se asomaron por la ventana de la cocina. La lluvia intensificada caía con fuerza y un viento silbante amenazaba con una gran tormenta.
- No parece una simple tormenta de verano. Esto va para largo. Creo que tu paseo hasta la playa tendrá que esperar hasta mañana. No pinta bien.- exclamó Leonor sacando unas patatas de la malla que acaban de comprar.- aquí arriba suele hacer mucho viento pero cuando hay tormenta en peor, no te preocupes.
- ¿Te ayudo con las patatas?
- Claro, coje un cuchillo y pela tres. Yo prepararé la carne de cerdo para hacer un estofado.
Olivia ayudó a su madre con la comida mientras charlaban del pueblo y de las cosas que solían hacer aquí los adolescentes, pero todas se necesitaba de alguien para poder disfrutar y Olivia no tenía a nadie allí.
 Pese a lo buena pinta que tenía el puebloy la casa Olivia no quería estar mucho más en aquel rincón del mundo. Prefería estar con Sandra y sus amigos en Barcelona que pasar allí mucho más tiempo en aquel lugar. Si su madre iba a vender la casa no parecía la pena coger cariño a la zona y mucho menos a futuras amistades, pero Leonor no parecía muy dispuesta a abandonar Vila Tokay tan pronto. Parecía que quería estar más tiempo del que en un principio le había dicho. Si hubiera decidido vender la casa no hacía falta que se quedaran allí por más tiempo porque los trámites los podía hacer desde su casa en la ciudad, pero algo le decía a Olivia que su madre no sabía que hacer aún.
- Si, pero he pensado que no tenemos prisa por volver a Barcelona y unas vacaciones aquí no sentarán bien. Me apetece quedarme unos cuantos días más.
     Un pitido de grillo proveniente del movil de Olivia hizo que dejara de pelar las patatas y acercarse hasta el smarthphone para ver de quién se trataba pero al mirar el número no supo quien era. Salía un simple hola en la pantalla del wass.
- Hola- escribió Olivia antes de darle a bloquear número. Lo primero la educación.
- Nos conocemos?
- Creo que eres Olivia, me equivoco?
- Si, y tu quien eres?
- Soy Diego
- El hijo de Tomás?
- Si
- Me preguntaba si querrías ir a tomar algo conmigo. Tengo algo que contarte.
     Olivia si quedó sin habla. ¿Es el mismo chico que hacía unas horas no le había dirigido la palabra en la tienda y que además que la había mirado de malas formas? ¿Qué moscas le había picado y como es que tenía su teléfono?
- Vale, cuando y donde?
- Mañana por la mañana en el puerto, frente a la estatua de Giuseppe.
No tenía ni idea de a qué estatua se refería pero su madre seguro que sí que lo sabía así que no le preguntó más.
- De acuerdo. Nos vemos entonces
- Adeu
- Adeu.
     Olivia se quedó mirando el móvil sin reaccionar y vio la foto de perfil de número que la acababa de enviar los mensajes. No había equivocación alguna, era el mismo chico maleducado de la librería. Con el ceño aún fruncido le dio a guardar número en la agenda y se quedó sin saber qué poner en nombre completo. Sabía que era Diego pero ¿el apellido? No tenía ni idea y no le iba a preguntar a su madre porque le interrogaría y no tenía ganas de hablar de un chico insulso que le había enviado un mensaje sin haberse conocido antes. Decidió entonces poner Diego La Red, que era el nombre de la librería y asunto zanjado. Mañana ya sabría que diantres quería contarle aquel chico y si valía la pena contárselo a su madre o no.
     Devil apareció por la puerta de la cocina ladrando y Olivia suspiró aliviada al ver que no había salido con la lluvia. Se agachó para acariciarlo y el perro se sentó y babeó la cara de Olivia. ¿Nos íbamos a quedar con Devil también? Miró a su madre sin saber lo que estaría pasando por su cabeza. Recordó entonces que el móvil de su abuela estaba en su cuarto cargándose, seguramente ya lo habría hecho. Corrió escaleras arriba seguida de Devil.