martes, 24 de octubre de 2017

El geko de piedra 4

       
     Después de pagar la compra se despidieron de Pepa y con dos bolsas repletas de comida volvieron hasta el coche y lo cargaron todo en el maletero. Subieron a sus asientos y Leonor encendió en motor.
         Leonor recordaba con exactitud la dirección de la casa pese a no haber estado allí desde hacía años. Se encontraba a las afueras del pueblo, en una colina y detrás de ésta un gran prado donde acababa en una playa que apenas estaba concurrida de gente porque los turistas no la conocían.
         Llevaron el Octavia gris por la carretera principal, unos metros, hasta desviarse por un camino de tierra donde ambos lados se encontraban huertos privados. El coche levantó tremenda humareda al pasar que Leonor se alegró de que no hubiera nadie en los huertos que pudiera molestar. Muy pocos vehículos pasaban por allí.
         Olivia vio por primera vez Villa Tokay cuando los últimos rayos del día se marchaban. Se trataba de una casa de dos plantas de ladrillos rojos y tejas gris oscuras, estilo inglés. Una hiedra crecía desde los cimientos de la casa hasta el tejado en la parte derecha de la casa donde una de las ventanas estaba rodeaba por ésta. El otro lado de la casa también tenía otra hiedra pero no había crecido tanto y apenas sí tapaba una de las dos ventanas que había. Tenía una verja blanca junto a un alargado helecho que rodeaba toda la entrada. Una casa de ensueño.
    - Menuda casa tenía la bisabuela- exclamó asombrada Olivia.- No sabía que tuviera tanto dinero
    - Ni no. La casa la construyó mi abuelo cuando era joven y nada más comenzar a salir con la abuela. Tenía una pequeña fortuna que se trajo con su hermano Peter desde Inglaterra, la abuela nunca me explicó porqué vinieron a España, solo que cuando llegó a Coralia pusieron un pequeño pub en el puerto y luego George comenzó a construir esta casa después de comprar la tierra por muy poco dinero. Conoció a Blanca y cuando terminó la casa, con ayuda de algunos obreros que contrató, se casaron
    -  Pero has dicho antes que el pub era de un amigo del abuelo
    - Si porque cuando murió se lo pasó a un amigo que había venido a pasar las vacaciones aquí y se quiso quedar. Le consiguieron trabajo en el pub y al final el local se lo cedieron a él.
    - Entonces lo conocerás bien.
    - Si, pero hace mucho que no lo veo y no se si estará vivo aún, era muy mayor, más que la abuela Blanca. Pero igual su hijo sí que estará.
    - Pues podemos pasarnos mañana, si quieres.
    - Claro.
     Aparcaron a un costado del camino y tras coger las bolsas de la compra subieron cuatro escalones que daban a una entrada abovedada con una puerta de madera oscura. El llamador era de hierro que llamó la atención a Olivia porque tenía forma de salamandra, que parecía estar reptando sobre la puerta.
- ¿Por qué se llama Villa Tokay?
- Tokay significa geko, una especie de salamandra. A George le gustaba mucho ese animal- le explicó su madre mientras metía la mano en el bolsillo para buscar las llaves que le había dado el abogado.
- ¿Por eso tiene el llamador con esa forma?
- Si, pero espera a ver la entrada- Leonor abrió la puerta con un chirrido sordo y ambas pasaron al recibidor más grande que Olivia hubiera visto jamás. Se trataba de una estancia con dos puertas laterales y al fondo había una escalera circular que conducía a la parte de arriba, pero lo más sorprende eran los grandes ventanales que comenzaban desde la primera vuelta de la escalera y llegaban hasta la segunda planta y que daban toda la luz a la entrada a la vez de una panorámica al campo de atrás y al mar.
- ¡Eso es impresionante mamá!- exclamó Olivia anonadada.
- Fíjate en el suelo- Leonor cerró la puerta de la entrada.
Olivia bajó la vista y vio un suelo de cerámica gris donde en su centro de la sala un gran mosaico daba la forma de un gran geko verde sobre un fondo azul turquesa, del mismo tono que las paredes.
- ¡Es precioso!- Olivia se agachó para tocar las pequeñas piedras pintadas- esto está hecho a mano no?
- Si, lo hizo Blanca. Ven- dijo acercándose hasta la puerta de la izquierda- te enseñaré la sala de estar y luego puedes inspeccionar tu sola el resto de la casa.
     Nada más entrar Olivia supo que ese sería su lugar favorito de la casa. Era una amplia estancia de altos techos. Al lado derecho había una estantería repleta de libros que ocupaba toda la pared de arriba a abajo y en su centro una vieja chimenea de piedras grises. Frente a ésta se encontraba dos grandes sofás de color verde oliva con brocados blancos, uno frente al otro y una mesita baja llena de revistas y dos pequeñas cajas de madera. Frente a la puerta de entrada a la estancia había un gran ventanal y bajo éste un arcón con cojines, ideal para coger un libro y leer mientras observas el paisaje. Al otro lado de cuarto se encontraba una mesa alargada, llena de sillas antiguas tapizadas con la misma tela que los sofás. Pero lo que más llamó la atención de la estancia a Olivia fue un pequeño cuadro, que a simple vista podía pasar desapercibido. Estaba rodeado de estanterías de libros, y parecía estar escondido. Olivia se acercó hasta él y vio sorprendida que se trataba de otra salamadra, pero ésta le resultó familiar. Estaba sobre un fondo que parecía ser una pared, era de de color azul turquesa y con motas naranjas, con unos grandes ojos que miraban a un insecto junto a él y que descansaba sobre una luz en la esquina del cuadro.
- Sabía que se fijarías en él. Se llama Tokay, y es una salamandra nativa de Asía. Es la copia de un cuadro al oleo de Benjamin Miller, un pintor del siglo XX que viajó, durante su adolescencia, a la India. Por eso pintó el cuadro. El original está en un museo en Londres. Es una de las pocas obras que se conservan del pintor. La mayoría fueron destruidas en un incendio en una galería que exponía él cuando ya era mayor.
- Tiene fuerza. Esos colores oscuros de fondo y esa luz que irradia el animal entre tanta oscuridad...es impresionante. Me suena haberlo visto en algún libro pero visto ahí colgado es muy llamativa. Por eso entonces se llama así la Villa.- Olivia no podía apartar la vista del cuadro, era hipnótico y parecía que la salamandra comenzara a reptar por la pared.
- George la trajo de Inglaterra cuando vino. Mi abuela dijo que se lo pintó un amigo que era muy bueno con el pincel.
- Es un lugar impresionante- exclamó Olivia sin acabar de creerse que ahora aquel lugar les pertenecía.
- Si, es muy bonito. Ven vamos a la cocina y dejamos la compra. Tendríamos que preparar algo de comer, son las cuatro. Luego sigues con la exploración. Aquí hay un montón de cosas para ver. Seguro que no te aburres.
    Olivia miró la estancia de nuevo antes de salir de ella y se dio que aquel lugar sería su favorito. Estaba claro que su abuela había sido una amante de los libros, al igual que ella, y que había estado muchas horas leyendo frente a la ventana, imaginando otros lugares mientras ella estaba sola en aquella casa tan grande. Se preguntó porqué su madre y ella no habían ido antes a visitar a Blanca. Era algo que tendrían que hablar en algún momento. Su madre se había guardado muchos secretos que ella empezaba a conocer, miró su espalda y se dijo qué otras cosas tendría que contarle.