viernes, 20 de octubre de 2017

El geko de piedra 3

     
Una vez en la calle y con el aire salado rozándoles las mejillas se miraron sin acabar de creer lo que había pasado en el despacho del abogado. Ellas, que siempre habían estado ahorrando hasta el último céntimo ahora tenían a su disposición dinero y además una casa a la que poder agarrarse en caso de necesidad. Se abrazaron y se encaminaron hacia la plaza central del pueblo. 
    No tardaron en llegar hasta una plaza peatonal. En su centro se encontraba la fuente que tanto conocía Leonor y en la que había estado sentada en sus bordes de piedra tantas veces. Tenía forma exagonal y cuatro caños que si no apretabas un botón el agua no brotaba. Estaba decorada con azulejos azules y blancos en distintas tonalidades desgastados ahora. Sobre ellos luchaba un caballero con lanza a lomos de su caballo contra un feroz dragón que daba la vuelta a la mitad de la fuente con su cuerpo y cola. A Leonor siempre le había gustado mucho aquel dibujo. Se acercaron hasta la fuente y Olivia bebió de su refrescante agua mojándose parte de la camiseta mientras su madre tocaba los bordes lisos de piedra con nostalgia. Alrededor de la fuente se alzaban casas blancas  llenas de geranios rojos y rosas, y bajo uno de los portales abovedados estaba la tienda que estaban buscando.
    Madre e hija fueron hasta allí
- Buenos días- se trataba de una mujer de unos sesenta años, de pelo blanco y corto, rostro ovalado y sonrosado, ojos marrones y de carácter amable. Leonor la reconoció al instante pese a encontrarla mucho más envejecida y algo más regordeta . Lucía un delantal azul marino algo manchado con un gran logotipo de la tienda en medio: un gran sauce llorón.--¿en qué le puedo ayudar?
- Usted es la señora Pepa.- dijo Leonor sonriendo algo tímida. Tenía la esperanza de que se acordara de ella aunque hubieran pasado muchos años. En sus tiempos todos los niños del lugar la conocían porque era única tienda de la zona que tenía chuches y ella siempre había sido amables con los niños.
- Si ¿nos conocemos?- la mujer la miró con mayor detenimiento e intentando reconocer aquel rostro que le resultaba tan familiar.
- Soy la nieta de Blanca Méndez- la cara de Pepa se iluminó y salió de detrás del mostrador para abrazarla.
- La pequeña Leni- dijo una vez la dejó de abrazar con fuerza.- sí que ha pasado el tiempo.
- ¿Leni?- dijo Olivia sorprendida mirando a su madre.
 -Si- contestó Leonor con un deje de nostalgia. Hacía mucho tiempo que no escuchaba el apelativo con el que su abuela y todos los demás del pueblo la llamaban de forma cariñosa.
- Hace muchos años que no vienes por aquí
- Si, unos 16 años- contestó Leonor - esta es mi hija Olivia
- Hola Olivia- dijo Pepa mirándola con interés y luego dándole dos grandes besos en la mejilla.
- Me ha dicho el abogado de mi abuela que te quedaste con el perro de mi abuela.
- Si. Blanca me lo confió poco antes de morir y me dijo que te lo diera nada más llegaras.
- ¿Sabía que vendría?
     Una mujer entró en ese momento en la tienda y cortó la conversación. Mientras Pepa atendía a la señora pesando unas patatas que cogió de un gran saco junto al mostrador Leonor y Olivia decidieron coger una cesta y comprar. Lo llenaron con las cosas más básicas para pasar la cena y el desayuno del día siguiente, como huevos, pan, leche, algo de embutido, queso, una botella de 5 litros de agua. Ya se aprovisionarían bien al día siguiente. Cuando llegaron al mostrador la otra clienta ya abandonaba el local.
- Cuando cierre os llevaré al perro. No está aquí sino en mi casa.
- No quiero que se moleste. Nos podemos pasar nosotras a buscarlo. ¿Como está Aura?
- Mi Aura anda ahora por tierras valencianas. No se si te acordarás de Toni, el chico que vino un par de veranos a Coralia de vacaciones.
- Si, me acuerdo de él. Estuvo varios veranos saliendo en el resto de la pandilla. Un chico tímido, de gafas y rubio. Muy estudioso al que le encantaba coleccionar insectos.- Leonor se sorprendió de que lo recordara tan bien. Había pasado tanto tiempo que apenas había pensado en la gente de Coralia, sin embargo fue pisar el pueblo y empezar a recordar detalles que creía olvidados.
- El mismo. Pues se estuvo carteando con él después de que se marchara durante años y al final ella decidió irse a Valencia. Se casó con él y ahora tienen dos hijas.
- Vaya, me alegro mucho por ella- a Leonor le agradó la noticia de que Aura estuviera feliz.- pero pensaba que se llevaban mal, porque recuerdo que no paraban de pelearse.
- Si- sonrió- Como cambian las cosas.
- Pero tenemos que hablar de muchas cosas. Que os parece si quedamos un día de esta semana y nos ponemos al día?
- Por mi bien.- le gustó mucho el ofrecimiento y sabía que Pepa conocía a todo el mundo en Coralia y la pondría al corriente de todos los chismes. 
- Y no es ninguna molestia llevarte al perro- sonrió Pepa.
- Pues entonces quédese a cenar esta noche. No habrá un banquete pero nos agradará que nos haga compañía.
- Sería un placer pero vienen de un largo viaje y necesitan descansar. Y no se preocupe por la cena porque tengo un pastel de carne recién hecho que les llevaré cuando me acerque a llevarles a Devil.
- No quiero que se moleste más. Con estas cuatro cosillas que hemos comprado nos apañaremos esta noche....¿Devil?
- ¡Tonterías! A mi hijo no le va mucho el pastel y para mi marido y para mi es mucho así que es mejor comérselo echo del día. Además, me gustaría compartirlo con ustedes.
- Muchas gracias Pepa.¿El perro se llama Devil?- exclamó Leonor sabiendo que no iba a convencerla de que no trajera la comida.
- Si, fue idea mía. Cuando cachorro Blanca lo traía mucho por la plaza y siempre se metía dentro de mi tienda a trastear. Un día se me ocurrió llamarle Diablo y Blanca le dejó ese nombre pero en inglés.
     Leonor siempre había visto a su abuela con perro, era su signo distintivo. Se preguntó de qué raza sería y luego acto seguido qué diantres haría con él. Se  había mostrado muy dispuesta a quedarse con él sin saber la raza y que solo estarían un mes en el pueblo. De alguna forma tendría que encontrar otros dueños para quedarse con el animal en el pueblo, su piso de la ciudad era demasiado pequeño para un perro.