lunes, 9 de octubre de 2017

El geko de piedra 1

  Prólogo

   
 Tener que pasar las vacaciones de verano lejos de sus amigos no eran los planes que había pensado Olivia un mes antes de que acabaran las clases, y ni la recompensa por aprobarlas todas. Y no obstante su madre pensaba que era el plan perfecto para pasar los tórridos días de agosto fuera de la ciudad.
     El lunes anterior a la finalización de las clases su madre recibió una carta de un bufete de abogados llamado Alonso y Asociados, los cuales le comunicaban el fallecimiento de su abuela materna Blanca Méndez. Le dejaba en herencia Villa Tokay, la casa de Blanca en la que Leonor había pasado muchos veranos cuando era joven. El abogado le explicaba que era el único familiar que le quedaba a Blanca y por lo tanto se convertía en la única heredera. Debía reunirse con él para ultimar los detalles y hacer traspaso de papeles. El martes Leonor se pasó todo el día pensando qué hacer con Villa Tokay y el miércoles ya tenía decidido arreglar la casa durante su mes de vacaciones en agosto, y ponerla a la venta. Por eso el  jueves, cuando llegó Olivia de las clases su madre le soltó la bomba: se iban a pasar todo el mes de agosto en un pueblo costero llamado Coralia, cerca de Tarragona. Estuvo dos días enfadada con su madre, intentando evitarla por casa, hasta que comprendió la importancia del asunto y resignada se conformó con el mes de julio para disfrutar con sus amigas.
     Pero julio pasó tan rápido para Olivia, que durante ese mes cumplió 16 años, se dio cuenta de que llegaba el día de que debía de marcharse y aún no se había echo a la idea de abandonar la ciudad. Cundo se lo contó a Sandra, su mejor amiga y compañera de clase de artes marciales ésta pasó de la incredulidad al asombro. Algo enfadada por su repentino abandono en pleno agosto se despidieron aquella tarde y Olivia se marchó enfadada a su casa. Se encerró en su cuarto con la músicas todo volumen y decidió preparar su bolsa de viaje refunfuñando. Sabía que no era justo pero también comprendía que no le quedaba más remedio que acompañar a su madre ya que no tenía más parientes con los que quedarse.

     A la mañana siguiente madre e hija partieron en un viejo Skoda Octavia, con la promesa de pasar unos agradables días juntas. Olivia sabía que su madre tenía en mente unas vacaciones las dos juntas divirtiéndose pero para Olivia esos planes no le acababan de convencer, y nada más montarse en el coche se colocó los cascos del móvil, le dio al play enfadada y se puso a mirar por la ventana sin hacer caso a su madre.