sábado, 4 de noviembre de 2017

El geko de piedra 5

 
Olivia se levantó aquella mañana con una incómoda sensación en los pies. Abrió los ojos y miró para ver de qué se trataba. Devil, el perro de su bisabuela descansaba sobre la cama apretujado contra sus piernas. Era un pastor catalán, de pelaje negro abundante de cinco años de edad. A su madre Leonor no le sorprendió que fuera de esa raza y se sintió algo más tranquila de que no hubiera sido como Twin, el último perro que había conocido de su abuela, un enorme terranova que acompañaba a Leonor a todas partes de cachorro. Un pastor catalán era muy común por la zona aunque no fuera un pueblo ovejero sí que les gustaba mucho tener esa raza por allí.
     Olivia se incorporó y cogió su móvil de la mesilla de noche para ver si tenía mensajes pendientes. Nada de nada. Entró en Twitter y decidió hacer una foto a Devil y lo twitteó con la frase de “Devil duerme a mis pies”. Se levantó de la cama con sumo cuidado para no despertarle. El animal gruñó ante el repentino movimiento del colchón pero en vez de abrir los ojos se arrebujó más contra sí mismo y siguió durmiendo. Cogió ropa limpia que tenía en la maleta abierta y salió de su habitación.     El pasillo ya tenía luz proveniente del gran ventanal principal y Olivia pudo ver, con mayor detenimiento que el suelo era de parquet gris, y como les dijo Pepa tendría poco más de dos años, porque su abuela había hecho algunos cambios en la casa, como las puertas, suelos y molduras de las ventanas, ahora eran todas blancas. Iba descalza y era agradable pisar aquel suelo de madera. En su piso el suelo que tenían era de viejas baldosas moteadas que tendrían más de cincuenta años. Llegó hasta el cuarto de baño que se encontraba al lado del cuarto donde su madre había decidido dormir. La planta de arriba constaba de cuatro habitaciones, tres de invitados y una de su abuela que tenía lavabo propio.
     Pepa también mencionó a un antiguo amigo de Leonor, Tomás, que había heredado la tienda de libros de su padre y ahora la llevaba junto a su hijo de dieciocho años Diego. Olivia se enteró de que su madre había tenido una relación con el tal Tomás cuando era joven y que también había roto con él. Nunca se había llegado a plantear que su madre pudiera haber sido joven como ella, pero así había sido. Había pasado muchos veranos en Coralia junto a sus padres, justo antes de que se separaran, y su abuela Blanca. Leonor nunca le había mencionado nada al respeto, sólo que sus abuelos se separaron de mutuo acuerdo cuando ella era adolescente y se había ido a vivir con su madre a un piso de Barcelona en alquiler. Luego, Leonor se había casado con Joan, el padre de Olivia y justo cuando ella nació su padre murió en un accidente de coche. Sabía que tenía una bisabuela en un pueblo costero porque su madre se lo había dicho de pasada pero no la había mencionado apenas y ella tampoco había sentido un interés especial por ello.
     Olivia se dirigió al cuarto de baño del segundo piso. Era muy grande, con una gran bañera de porcelana blanca de estilo victoriano. Al lado contrario también había una pequeña ducha con mampara de vidrio templado que llegaba hasta el sueño y que había sido colocada recientemente. Olivia se quitó el pijama, se recogió su pelirojo pelo enmarañado en una coleta alta y se metió en la ducha. Tenía termostato incorporado, y tras pasarse unos segundos ajustando la temperatura, ni muy fría ni muy caliente, el chorro de agua cayó sobre su cuerpo despertándola de golpe. Una vez se hubo restregado con una esponja que habían traído de casa, al igual que los champús,salió de la ducha y cogió una toalla de playa que su madre había colocado el día anterior allí. Volvió a su cuarto, Diablo aún dormía así que con cuidado sacó unos tejanos cortos, un sujetador blanco y una camiseta de tirantes también blanca. Se calzó con unas Converse negras y bajó las escaleras que llevaban hasta el recibidor de la primera planta pero en vez de entrar en la cocina volvió a la sala de estar. Quería mirar más de cerca los libros porque la noche anterior no había tenido tiempo entre la cena y la charla con Pepa de echar un vistazo, que al final había decidido quedarse a cenar con ellas. Algunos de los ejemplares eran bastante viejos porque sus lomos así lo indicaban pero había muchos nuevos. Tenía, sobre todo, novelas de todo tipo. Así por encima pudo ver a Ken Follet, Almudena Grande, Javier Reverte pero lo que más le llamó la atención fueron las novelas de ciencia ficción que tenía y no eran pocas: Philip K. Dick, Asimov, Orwell, H.G. Wells, Herbert, Scalzi e incluso se sorprendió encontrar un ejemplar de El despertar del Leviatán de James S. A.Corey, un libro que ella mismo había leído y que le había encantado, y que apenas tenía unos años. Su abuela había sido una gran lectura y sentía que era algo que las podría haber unido si se hubieran conocido. Su madre tendría que haberla llevado a conocer. Empezaba a pensar que allí se escondía algo más gordo de lo que su madre le estaba contando. Algo sobre los cojines bajo la ventana llamó la atención de Olivia. Se acercó hasta ellos y descubrió un móvil. Se trataba de un Nokia Aqua  de no más de tres años y pulsó la pantalla para ver si se encendía. No era de ella ni tampoco de su madre y pensó que podía ser de su abuela. La batería estaba casi al mínimo y antes de que pudiera apagarse y ser imposible encenderlo sin la clave corrió hasta su cuarto y lo enganchó a su propio cable y el aparato dio un pitido y comenzó a cargarse. Decidió que lo mejor era usarlo cuando estuviera del todo cargado así que, con las protestas de su barriga, bajó de nuevo después de mirar a Devil que seguía dormido emitiendo suaves ronquidos. 
    La cocina era bastante grande, con muebles blancos de moldura fina, una encimera de mármol gris oscuro y una mas redonda junto a una ventana que daba al patio trasero de la casa con un pequeño jardín que Olivia pensó que su bisabuela había cuidado con esmero y plantado algunas hortalizas. Toda la estancia parecía haber sido remodelada no hacía mucho, al igual que el baño de arriba. Su madre había esperado encontrarse con una antigua casa cayéndose a pedazos, con cañerías estropeadas, viejos muebles carcomidos o alfombras desgastadas y llenas de polvo, pero en vez de eso tenían gas natural y todos los electrodomésticos nuevos.
-Buenos días- exclamó su madre nada más ver aparecer a su hija por la puerta.
-Buenos, mamá -Olivia cogió una taza de la despensa de la derecha y cogió el brick de leche que su madre ya había puesto sobre la mesa, se dirigió al microondas y metió la taza dentro.
-¿qué plan tenemos para hoy?- dijo sentándose frente a su madre y echándose unas cucharadas de cacao en la leche.
-Tenía pensado ir al pueblo para comprar comida para varios días, productos de limpieza y algunas otras cosillas que necesitaremos. Bajaremos en coche por no tener que subir cargadas con las bolsas hasta aquí.
- Si, debe de haber un kilómetro hasta el pueblo ¿Porqué tu abuela tenía una casa tan alejada
de los campos. Sus padres eran de Villa Marina pero ellos prefirieron alejarse un poco del bullicio del pueblo.
- ¿Bullicio? Pero si ahí solo deben de vivir doscientas personas como mucho.- dijo sin comprender.
- Tú estas acostumbrada a vivir en una gran ciudad y para ti un pueblo no representa mucho jaleo, pero has de saber que tus bisabuelos se casaron sin el consentimiento de sus padres y para alejarse de las habladurías prefirieron marcharse y dedicarse al cultivo.
-¿Puedo ir yo a la biblioteca del pueblo mientras tú hacer las compras? Luego te ayudo a cargarlo todo.
- Aquí no hay biblioteca, lo siento pero tienes una librería.
- Ah si! La de tu amigo
- ¿Pero no tienes libros suficientes aquí? Ya has visto que tu abuela tiene una buena colección.
- Lo se, pero el libro que quiero lo editaron hace un par de semanas y no está ahí.
- Entonces me parece bien.- Olivia sabía que su madre no le decía nunca que no cuando le pedía libros nuevos, y eso que nunca andaban bien de dinero. No obstante intentaba no pedir apenas. Otra de sus opciones era su ebook y en muchas ocasiones compraba libros electrónicos que eran más económicos, aunque a ella le gustaban más lo de papel.  Luego estaba la biblioteca que no estaba lejos de su casa pero no siempre encontraba con los quería. Era una forofa de la lectura.
- Pues ya tenemos plan- dijo Olivia mientras se terminaba las tostadas con mermelada y mantequilla.
- Después de recoger toda la cocina Olivia subió hasta su nuevo cuarto y tras comprobar que el móvil de su abuela seguía cargandose metió el suyo en su bolso tejano y volvió a bajar.
- ¿Vas a peinarte esos pelos Olivia?- le dijo su madre cuando vio el moño que se había echo antes de entrar en la ducha y que ni siquiera se había peinado. Olivia se miró al espejo y se dio cuenta de que  estaba bastante alborotado. Su madre le sacó un peine de puas de su bolso y Olivia se deshizo el moño y comenzó a desenredarse el cabello, mientras su madre había ido a la cocina para llenarle el bol de comida a Devil y dejar la puerta de atrás abierta por si quería salir a la calle.
- ¿Mejor?- exclamó Olivia con otro moño algo más arreglado pero con algunos rizos cortos fuera del coletero. Su madre la miró con cara de resignación y sonrió.
   - Adelante pues- exclamó Leonor con una sonrisa en la cara.

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