lunes, 16 de octubre de 2017

El geko de piedra 2

     
Leonor aparcó su Skoda en una calle pegada a la plaza principal de Coralia y ambas bajaron con las piernas algo entumecidas después de estar dos horas en el coche. Caminaron por varias calles que a Olivia le parecieron iguales, blancas y llenas de geranios de todos los colores, hasta llegar al pequeño puerto donde varios barcos pesqueros anclados se mecían sobre las oleosas aguas del Mediterráneo. La avenida del puerto, adoquinada en blanco y azul, era un gran paseo lleno de deportistas y gente relajada disfrutando del buen tiempo paseando. Al lado del puerto se encontraba una gran playa llena de sombrillas y de turistas ansiosos por una paz merecida. Atardecía ya pero la gente no parecía tener ganas de abandonar la playa. Olivia respiró más animada el aroma salobre del mar que tanto conocía de su ciudad y se percató de que el aire era más limpio allí. Inspiró hondo para que le llenara los pulmones por completo.
- ¿Aún piensas que ha sido una mala idea?- exclamó su madre viendo la cara de su hija.
- He de reconocer que no está nada mal.- admitió de mala gana.- lástima que no estén mis amigas.
- Seguro que encontrarás aquí nuevos amigos, ya verás. Yo pasaba unos veranos estupendos con unos amigos que tenía en el pueblo.
- ¿Cuantos años estuviste viniendo aquí?- Quiso saber Olivia
- Pues de los 10 a los 18, hasta que mis padres se divorciaron..- A Olivia le costaba imaginar a su madre con su misma edad.
     Caminaron un trozo del paseo marítimo y luego cruzaron la calle, que era donde estaba ubicadas las oficinas del bufete de abogados Rodriguez y Asociados y dieron con un edifico de dos plantas, sobre  un pub irlandés llamado O'Sullivan.
- ¿Aún está O'Sullivan?- dijo Leonor sorprendida mientras observaba la entrada al local con cinco mesas y personas sentadas tomando una copa mientras disfrutaban del atardecer.
- Claro, el dueño era amigo de mi padre. Un irlandés que vino a pasar unas vacaciones de verano aquí y se enamoró del pueblo. Me hace ilusión volver a verle. Quizás me pase antes de que nos volvamos a la ciudad.
     Vieron un cartel de color dorado y letras negras que situaba las oficinas en la segunda planta de un edifico que se encontraba en el mismo paseo. Llamaron al timbre.
- Diga- exclamó una voz de mujer algo distorsionada por la calidad del aparato.
- Hola, tenemos visita esta mañana con uno de sus abogados.- dijo Leonor seria
- Si, adelante.- Un pitido advirtió a Olivia para que empujara la puerta y entraron dentro.
     El portal era bastante amplio. Con un sillón negro desgastado en el lado derecho y un gran ficus al otro lado le daban un aspecto algo mejor del que hubiera tenido si no hubiera nada, porque la pintura de las paredes estaba algo sucia y había algunas manchas a causa de la humedad. Los buzones parecían nuevos por lo que resaltaban demasiado con el triste lugar. El olor a rancio se palpaba en el aire y a Olivia aquel olor le recordó a las casas antiguas del casco viejo de la ciudad. Subieron hasta la segunda planta y allí una mujer joven les abrió la puerta con una radiante sonrisa
- Buenas tardes, soy Alicia secretaria de Rodriguez y Asociados- les dijo haciendo un ademán para que pasaran al interior.
- Buenas tardes. Llamé la semana pasada para concertar una cita.
- Usted debe de ser la señora Parra. Esperen aquí hasta que les pueda atender uno de nuestros abogados ¿Desean algo de beber? ¿Café? ¿Cola?
- No, gracias.- dijeron ambas al unísono y Alicia sonrió.
     La secretaria desapareció por un pasillo que había al final de la sala y a los dos minutos volvió a su mesa de trabajo que se encontraba frente a ellas, las miró y les dijo que enseguida les atendería. Se sentó en su mullida silla giratoria para seguir tecleando en el ordenador. Olivia vio los exagerados movimientos de la joven con su cabello rubio ceniza como en un anuncio de champú. Sonrió por lo bajo y luego Olivia y Leonor se sentaron en un incómodo sofá de cuero negro que hizo un ruido espantoso al acomodarse en él. Contemplaron el espacioso recibidor lleno de cuadros a la acuarela de diversos paisajes de la zona, todos ellos con marcos blancos lisos. Olivia decidió coger una revista de moda que descansaba junto a ella sobre una mesita de madera oscura mientras su madre cruzaba las piernas y miraba a ninguna parte en concreto. A los diez minutos un pitido del interfono de la secretaria hizo que Olivia levantara la vista de la revista para ver como contestaba Alicia. 
- Ya pueden pasar- les anunció la joven mientras se acercaba a ellas. Ambas la siguieron por un pasillo hasta llegar a una puerta de color vengué y entraron en un amplio despacho con un gran ventanal al fondo, desde donde se podía ver parte del puerto. Detrás de una gran mesa había un hombre muy joven, más joven de lo que Olivia hubiera imaginado. Era pelirojo, igual que Olivia pero éste tenía un tono más brillante y más llamativo. Tenía unos ojos de un azul tan claro que daba algo de impresión mirarlos. Él rodeó la mesa y se acercó hasta ellas para estrechar las manos de ambas.
- Encantado de conocerles, me llamo Beltrán Rodriguez- dijo con una cordial sonrisa que Olivia pensó que se le iba a salir de la cara.
- Es un placer- dijo Leonor amable.
- Acomódense- cuando estuvieron sentadas en las dos sillas frente a la exagerada mesa del abogado él se sentó, buscó una carpeta y la abrió.- aquí tengo el testamento de su abuela Méndez, la cual les deja Villa Tokay y todo su efectivo bancario. Deben saber que si no quieren la casa puede disponer su venta. De echo tengo varios interesados en el tema y han ofrecido algunas propuestas que no estaría mal considerarlas. Si se decide a vender venga a verme. Por mi parte solo estaré de intérprete, no tendrá coste alguno por mi parte porque su abuela era una muy buena amiga y no pretendo cobrarle nada.
- Gracias, nos lo pensaremos- Leonor no se imaginó que fuera tan fácil poner la casa a la venta pero eso le facilitaba las cosas.
- Después de pagar los impuestos de sucesión y nuestros honorarios le quedan unos quinientos mil euros- dijo sin levantar la vista del papel.
- Entiendo- Leonor se quedó anonadada en el asiento al escuchar la cifra que le acababa de decir el abogado ¿ Su abuela le iba a dejar tanto dinero?
- También tengo una carta para usted con órdenes explícitas de entregársela cuando ella falleciera.- Beltrán le extendió la carta y Leonor la cogió con manos temblorosas sin acabar de creer lo que estaba pasando.- ahora debe de firmar un par de documentos conforme ha recibido la herencia y ya está.
      Leonor asintió al abogado y firmó todo lo que Beltrán le dijo. Les dio una copia de lo firmado y las llaves de VillaTokay.
-  La toma de agua, gas y luz no está quitada de la casa y está a nombre de su abuela así que si pretende seguir con la posesión de la casa puede cambiar el nombre al suyo llamando a las compañías susodichas. Tendrá facturas en casa de su abuela. Perdón - se corrigió- en su casa. Ah, una última cosa. tienen que ocuparse del perro de su abuela. Ahora lo tiene la señora Pepa, la de la tienda de comestibles de la plaza. Se ha quedado con el animal desde el funeral pero ella no puede quedárselo.
- Nos haremos cargo de él.- es lo primero que le vino a la cabeza contestar Leonor porque se encontraba algo sorprendida por todo. Ni siquiera sabía que haría con el perro pero ella ya había decidido quedárselo. 
     Madre e hija se marcharon del despacho y tras despedirse de Alicia bajaron las escaleras sin decirse nada.

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